La retirada de Nissan del entramado automotriz cordobés ya era un secreto a voces, pero la dimensión del impacto comienza a hacerse visible ahora, cuando los números se consolidan y los despidos se vuelven inevitables.
La marca japonesa finalizará la producción local de las camionetas Frontier y Alaskan en junio, y eso marcará no solo el fin de una línea de montaje, sino también una fractura profunda en el ecosistema metalmecánico de Córdoba.
En cifras concretas: en 2023, la planta de Santa Isabel produjo 33.000 unidades. En 2024, el número se redujo drásticamente a 17.500, con 100 días de suspensión de personal. Y para este año, las proyecciones son alarmantes: no más de 13.000 vehículos saldrán de la planta.
Una caída que no es sólo numérica: empleos en la cuerda floja
Hoy, de los 1.415 operarios de la planta, unos 400 están vinculados a la producción de las pick-ups que dejarán de fabricarse. Desde el sector gremial estiman que alrededor de 230 contratos directos serán rescindidos una vez que se apague la línea en junio. Sin embargo, el verdadero drama se concentra en el sector autopartista.
Según cálculos realizados por Smata, UOM y el sindicato del Plástico, hasta 3.000 empleos indirectos estarían en riesgo por el retiro de Nissan. El dato golpea de lleno en una provincia que, históricamente, fue uno de los polos industriales más dinámicos del país y que ahora enfrenta una desindustrialización progresiva sin estrategia de reemplazo.
¿Por qué Nissan elige irse? Las razones que nadie quiere discutir
La respuesta no está sólo en el Excel de la rentabilidad, sino en el deterioro del escenario argentino para la inversión productiva. La automotriz japonesa trasladará su producción a México, país que ofrece estabilidad macroeconómica, mejor infraestructura logística, acceso a mercados vía TLC y, sobre todo, previsibilidad cambiaria.
La salida de Nissan se alinea con otros casos emblemáticos: Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre, anunció este año una inversión de 3.400 millones de dólares en México, eligiendo operar fuera de Argentina pese a ser la empresa más valiosa nacida en suelo nacional.
El mensaje es claro: las grandes firmas están eligiendo irse, y el Estado argentino parece no tener una respuesta estructural.
Milei, el modelo de la fuga
Lejos de abordar esta crisis con alguna política de contención o diversificación industrial, el gobierno nacional celebra la retirada del Estado de los sectores productivos. En la narrativa libertaria, los cierres no son vistos como pérdidas, sino como “correcciones naturales del mercado”.
Pero en el territorio, la desinversión se traduce en trabajadores en la calle, caída de ingresos regionales, retroceso en la cadena de valor y pérdida de conocimiento técnico. La Argentina de Milei no propone sustituir la industria: la expulsa y la reemplaza por retórica de TikTok.
Lo que viene: una Córdoba con menos producción y más incertidumbre
Mientras tanto, los operarios despedidos no tienen horizonte, y las empresas autopartistas ya empezaron a reducir turnos y anticipar cesantías. La provincia, que supo liderar en producción automotriz junto con Buenos Aires y Santa Fe, queda ahora aún más golpeada, sin plan de reconversión ni asistencia federal.
El silencio del Gobierno nacional frente a esta fuga de inversiones solo puede leerse como aval implícito a la política de desguace del aparato industrial, en nombre de un orden macroeconómico que hasta ahora sólo muestra ajuste, licuación y concentración.
Si llegaste hasta acá tomate un descanso con la mejor música