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Vie, Abr

Economía

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la pobreza en la Argentina bajó 14,8 puntos porcentuales en el segundo semestre de 2024, ubicándose en el 38,1% de las personas y el 28,6% de los hogares. También habría disminuido la indigencia, que afectaría ahora al 8,2% de la población.

El anuncio fue difundido con tono celebratorio por parte del Gobierno, que no tardó en vincular los números con una supuesta “recuperación” económica impulsada por la gestión de Javier Milei. Sin embargo, el contexto social, laboral y alimentario en gran parte del país desmiente los datos oficiales, o al menos los relativiza fuertemente.

“¿Cómo puede bajar la pobreza si la gente cada vez compra menos, vive peor y paga más por todo?”, se preguntó en voz alta una trabajadora de la economía popular en una olla comunitaria de Merlo.

De la estadística al absurdo: pobreza con una canasta de $1 millón

En la primera mitad de 2024, el Indec había informado un alarmante 52,9% de pobreza, lo que significaba más de 25 millones de personas en esa condición. En apenas seis meses, el número bajó casi 15 puntos, una caída abrupta que no se corresponde con la dinámica económica del país, donde se desplomó el consumo, se multiplicaron los despidos y la inflación sigue carcomiendo salarios.

La Canasta Básica Total, que define la línea de pobreza, alcanzó en marzo un valor de $1.057.923 para una familia tipo. Para no ser considerada indigente, esa misma familia necesitó al menos $468.108. Ambos valores son 2,3% más altos que el cuatrimestre anterior.

En paralelo, el Ministerio de Capital Humano, a través de su informe de pobreza multidimensional publicado en enero, reveló que el 61% de la población no alcanza a cubrir la canasta básica, además de sufrir dificultades de acceso a vivienda, salud, educación y empleo formal.

¿Baja real o maquillaje estadístico?

Los cuestionamientos al informe del Indec no son nuevos. La metodología utilizada —centrada casi exclusivamente en los ingresos y limitada a 31 aglomerados urbanos— ignora variables centrales de la vida diaria como alquileres, tarifas, acceso al sistema de salud o informalidad laboral.

“El método está tan desactualizado que no refleja lo que pasa fuera del GBA y las grandes capitales. No mide la precariedad ni el abandono”, aseguró un técnico del área social de una universidad nacional.

A esto se suma el uso discursivo que el Gobierno hace de las cifras: Milei afirmó haber sacado de la pobreza a “10 millones de argentinos”, en un país donde el empleo formal no crece y la inversión pública cayó a niveles históricos.

¿Qué se mide y qué se oculta?

La pobreza por ingresos considera a quien no alcanza la canasta básica total. La multidimensional, en cambio, evalúa condiciones como:

- Acceso a servicios públicos y vivienda digna
- Cobertura de salud
- Trayectoria educativa
- Protección social
- Situación laboral estable

La segunda modalidad ofrece un diagnóstico mucho más amplio y complejo, pero es la menos difundida por los gobiernos, justamente porque dificulta el marketing estadístico.

A lo largo de los años, solo durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner hubo una baja sostenida y documentada de la pobreza. En 2003, el 62% de las familias eran pobres; en 2007, ese número bajó al 37%. Durante el primer mandato de CFK cayó al 28%, y luego subió moderadamente al 30%.

Hoy, sin políticas redistributivas ni inversión en empleo, lo que baja es la medición, no la miseria.

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