El país ya superó los casos registrados en todo 2024 y el Ministerio de Salud declaró oficialmente el brote. El mayor impacto se da entre adultos jóvenes no vacunados.
La Argentina atraviesa un brote de hepatitis A. No es una metáfora ni una exageración. Es una declaración oficial del Ministerio de Salud, que confirma que en lo que va de 2025 se registraron más casos que en todo el año anterior: 80 contra 70. Y esto no es solo una cifra. Es el reflejo de una epidemia silenciosa que crece al calor de un Estado ausente y una política sanitaria que privilegia el ajuste antes que la prevención.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) no dejó lugar a dudas: la hepatitis viral es una amenaza que mata más que el sida o la malaria. Cada 30 segundos muere una persona en el mundo por complicaciones derivadas de esta enfermedad. Pero en Argentina, el gobierno nacional no solo omite campañas de vacunación, sino que directamente pone en duda la incorporación de nuevas vacunas. Un gesto que, aunque parezca técnico, erosiona la confianza pública y potencia a los movimientos antivacunas.
La política sanitaria de Milei: menos Estado, más enfermedad
¿Era previsible? Absolutamente. En 2023 ya se habían detectado caídas graves en las coberturas de vacunación, especialmente en distritos como CABA (61,3%) y Provincia de Buenos Aires (68,6%). La vacuna contra hepatitis A, obligatoria desde 2005, dejó protegidos a los menores nacidos después de ese año. Pero la gran mayoría de los casos actuales afecta a varones de entre 20 y 39 años, población que no recibió la vacuna en su infancia.
Ricardo Teijeiro, infectólogo del Hospital Pirovano, fue contundente: “En 2007 no hubo más trasplantes por hepatitis fulminante infantil. Eso fue por la vacuna. Hoy, los casos crecen en adultos no vacunados, sobre todo en hombres que tienen sexo con hombres”. Sin campaña, sin prevención, sin acceso masivo al diagnóstico, el brote se expande.
Más enfermedades prevenibles: sarampión, coqueluche y hepatitis
Oscar Atienza, especialista en salud pública, alertó que la hepatitis A no es la única enfermedad prevenible que crece: los casos de sarampión aumentaron un 3300%, y los de tos convulsa, un 134%. “Faltan campañas de concientización y sobran declaraciones irresponsables desde el gobierno”, apuntó. Y no se equivoca.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), de hecho, alertó que 17 de los 69 casos reportados hasta la semana 25 eran pediátricos y no estaban vacunados, lo que revela una falla estructural en la aplicación de una política pública que, de mínima, debería garantizar la inmunización infantil.
¿Un país en riesgo sanitario?
La OPS fue clara: si no se actúa, para 2040 la hepatitis matará más que el VIH, la malaria y la tuberculosis juntas. En este escenario, Argentina retrocede décadas en prevención sanitaria. La combinación entre ajuste presupuestario, vacunación deficiente y desinformación oficial es un cóctel letal para la salud pública.
El virus se transmite por agua o alimentos contaminados, por contacto directo con personas infectadas o en situaciones de poca higiene. La fórmula para frenarlo no es compleja: vacunar, informar, prevenir. Pero eso implica un Estado presente. Y hoy, bajo la gestión Milei, lo que sobran son vacíos.
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