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Dom, Mar

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Se trata de un masculino santafesino de 34 años, con pasado poco claro y mochila sospechosa, terminó aprehendido en Río Gallegos después de protagonizar dos robos consecutivos en sucursales del supermercado La Anónima. ¿El detalle más insólito? Usó la misma ropa en ambos golpes y lo largaron a las pocas horas.

Todo arrancó el sábado 23 de marzo, cuando el hombre entró con cara de cliente a la sucursal de calle Juan José Paso. No pidió precios, no miró ofertas. Se movía con seguridad, como quien ya sabía qué iba a hacer. Caminó entre las góndolas, tomó herramientas —destornilladores, pinzas, esas cosas fáciles de disimular— y las escondió entre sus prendas. Salió sin pasar por la línea de cajas. Nadie lo detuvo.

Veinticuatro horas después, volvió a actuar. Esta vez en la sucursal de Maipú, a unas pocas cuadras. Misma modalidad, misma actitud, misma ropa. Y otro dato clave: no llevaba bolsos… pero sí una mochila negra, que terminaría siendo determinante en la investigación.

Los encargados notaron la repetición y dieron aviso. El área de Videovigilancia de la Policía provincial analizó ambas secuencias, cuadro por cuadro. El rostro, la forma de caminar, la ropa: todo cerraba. Ahí se activó la División Investigaciones de Río Gallegos, que con tareas de inteligencia en campo rastreó al sospechoso hasta un complejo habitacional en Pasaje Padin Carmiña al 700.

Lo esperaron. Cuando salió del departamento, cargaba con la misma mochila negra. El operativo fue limpio: lo interceptaron sin resistencia, lo identificaron y lo trasladaron a la Comisaría Tercera.

Durante el procedimiento, se secuestraron las prendas que llevaba puestas en ambos delitos, además de varias herramientas robadas y un celular que será peritado por la justicia para buscar nexos con otros hechos.

El hombre, de iniciales que no trascendieron oficialmente, tendría antecedentes en su provincia de origen. Pero hasta el momento, no contaba con causas activas en Santa Cruz.

La causa quedó en manos del Juzgado de Instrucción N.º 1, que encabeza la jueza Marcela Quintana, con la secretaria Dra. Cañete al frente del expediente. Y aunque el robo fue doble, la pena no lo fue: recuperó la libertad tras cumplir los plazos legales, y ahora deberá fijar domicilio para estar a derecho mientras avanza la investigación.

Una vez más, el sistema judicial camina por la cornisa. Dos robos confesos, elementos secuestrados y un hombre que se va a su casa como si nada. En Santa Cruz, la reincidencia parece un dato más del prontuario. Nadie lo discute, nadie lo frena.

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