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Jue, Abr

Ciencia y Tecnología

El impacto de la inteligencia artificial en el medio ambiente está comenzando a preocupar a expertos y organismos internacionales.

Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y otras fuentes, el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022 marcó un punto de inflexión en el consumo energético global, con los centros de datos responsables del 1% al 1,3% de la electricidad mundial en ese año.

Una demanda energética creciente

A diferencia de las búsquedas tradicionales en Google, que utilizan procesadores CPU, los chatbots como ChatGPT requieren unidades de procesamiento gráfico (GPU), mucho más potentes, pero también más demandantes en términos de energía. El Instituto de la Ingeniería de España (IIE) estima que una consulta en ChatGPT consume tres veces más energía que una búsqueda común en Google.

El entrenamiento de modelos como GPT3 es un ejemplo ilustrativo de esta problemática: según cálculos recientes, esta fase consume tanta energía como un hogar promedio en España durante 23 años (78.437 kWh).

En 2023, Google incrementó su consumo energético en un 16,2%, impulsado por la infraestructura necesaria para operar Gemini, su modelo de inteligencia artificial. Esto refleja cómo el auge de la IA está transformando los patrones de consumo energético global.

El agua, otro recurso crítico

Los centros de datos no solo demandan energía, sino también grandes cantidades de agua para la producción de electricidad y la refrigeración de sus equipos. Las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) advierten que, para 2027, esta infraestructura podría consumir hasta seis veces más agua que países como Dinamarca.

La amenaza de los residuos tecnológicos

Otro aspecto alarmante es la generación de residuos. Según una investigación publicada en Nature Computational Science, los desechos procedentes de la tecnología pasarán de 2.600 toneladas en 2023 a 2,5 millones de toneladas en 2030. Esta cifra equivale a descartar entre 2.100 y 13.300 millones de iPhone 15 Pro.

La fabricación de estos dispositivos también tiene un impacto significativo: producir una máquina de 2 kilos requiere 800 kilos de materias primas, muchas de las cuales contienen sustancias peligrosas como mercurio y plomo.

¿Es sostenible la IA?

Si bien la inteligencia artificial promete avances revolucionarios en diversos campos, su impacto ambiental plantea serias interrogantes. Expertos señalan la necesidad de desarrollar tecnologías más sostenibles y de regular tanto el consumo de recursos como la gestión de residuos.

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