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Vie, Ene

Economía

Según datos del INDEC, varios productos de la canasta básica aumentaron hasta un 31%, mientras la inflación fue de apenas 2,8%.

Mientras el gobierno de Javier Milei intenta instalar la narrativa de una supuesta desaceleración inflacionaria, el consumo popular cuenta otra historia. De la mano del último informe del INDEC, se conoció que los alimentos de consumo cotidiano se dispararon durante diciembre en el Gran Buenos Aires, con subas de hasta el 31% en apenas un mes.

¿Dónde está el alivio del que hablan? ¿A quién le baja la inflación si los precios en la góndola se siguen disparando?

El caso más grotesco es el del limón, que trepó un 31,2%, cerrando diciembre a $4.066,55 por kilo. Una cifra que en cualquier mercado de barrio resulta tan absurda como inaccesible. Le sigue la manzana deliciosa, con un alza del 16,4% (a $4.009,31), mientras que el tan popular asado subió 13,5%, ubicándose en los $15.094,30 por kilo.

Ni la carne más económica quedó a salvo. El cuadril aumentó un 10,4%, la nalga un 9,9% y la paleta un 9,5%. Incluso la carne picada común, alternativa habitual en los hogares con menos ingresos, trepó un 7,6%, con un valor promedio de $8.624,25.

En paralelo, el pan de mesa, base de cualquier comida en la Argentina, subió un 6,3%, quedando en $3.669,58 por paquete de 390 gramos. ¿Cuántos salarios aguantan estos precios?

Mientras tanto, la inflación oficial de diciembre fue de 2,8%, según el propio INDEC. ¿Qué explica entonces que productos esenciales se hayan movido más del doble o el triple? La respuesta está a la vista: la liberalización de precios, la eliminación de controles y la política de "sinceramiento" económico están siendo pagadas directamente por quienes no tienen margen para ajustar nada: las familias trabajadoras.

Incluso artículos fuera del top 10 de aumentos, como la batata (5,1%), el azúcar (4,1%) o el yogur firme (3,9%), marcaron alzas muy por encima del índice general. Solo algunos productos estacionales como el tomate redondo (-33,7%) o la cebolla (-3,0%) bajaron, aunque esto responde más a cuestiones climáticas que a una supuesta mejora del poder adquisitivo.

La disparidad entre los números macro que exhibe el Gobierno y la realidad que vive la gente común en la verdulería, el supermercado o la carnicería es cada vez más obscena. Si esta es la famosa "cura" del modelo libertario, cabe preguntarse: ¿cuánto más puede resistir el bolsillo argentino?

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