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Lun, Mar

Economía

Con corridas bancarias ocultas, alta tensión cambiaria y volatilidad financiera, el ministro de Economía Luis Caputo confirmó este jueves que la Argentina solicitó al Fondo Monetario Internacional un préstamo por u$s20.000 millones.

La operación, que aún debe ser aprobada por el board del organismo, forma parte de una reconfiguración integral del acuerdo vigente, que buscaría extender plazos y oxigenar reservas.

La noticia llegó tras una reunión informal entre el equipo técnico del FMI y el Directorio Ejecutivo, anticipada por Bloomberg, en la que se avanzó sobre un posible programa de facilidades extendidas a cuatro años, valuado en 15.000 millones de DEG (equivalente a los 20 mil millones de dólares solicitados).

Caputo dio a conocer la cifra luego de mantener un nuevo contacto con la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, con quien —según trascendió— se buscó enviar una señal de calma a los mercados, que en los últimos días reaccionaron con nerviosismo ante los rumores de devaluación y las dudas sobre la política cambiaria.

Dólar en alza, reservas en baja y el fantasma del 2018

Los números de la economía no ayudan: en las últimas siete ruedas el Banco Central vendió más de u$s1.300 millones para contener la brecha entre el dólar oficial y los financieros. A pesar de los esfuerzos, los dólares paralelos superaron los $1.300, un nivel que no se veía desde septiembre de 2023.

Al mismo tiempo, las reservas netas del BCRA siguen erosionadas, y el mercado duda de la sostenibilidad del esquema actual. El Gobierno insiste en que no habrá devaluación, pero Caputo tampoco confirmó si continuará el crawling peg. Ese silencio reavivó especulaciones sobre eventuales exigencias del FMI en materia cambiaria.

“Con lo que estamos pidiendo al FMI, más BID, Banco Mundial y CAF, vamos a estar en torno a los u$s50.000 millones de reservas brutas. La base monetaria medida al tipo de cambio libre es de unos u$s20.000 millones. O sea, vamos a tener más del doble”, aseguró Caputo.

El mensaje intenta mostrar solidez en la relación entre pasivos y respaldo en moneda dura. Pero los analistas advierten que la calma durará solo si el FMI gira los fondos pronto, y si no hay condicionamientos drásticos que afecten el frente social o político.

¿Quién apoya a la Argentina en el Fondo?

Según fuentes oficiales, el Gobierno ya cuenta con el respaldo informal de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Alemania y China, es decir, los países clave dentro del FMI. La buena sintonía de Milei con figuras como Giorgia Meloni o Donald Trump se menciona como un factor que facilitaría la negociación política.

El presidente Emmanuel Macron expresó su apoyo en público tras una llamada con Milei. Desde Washington no hubo declaraciones formales, pero se especula con que la Casa Blanca ve con buenos ojos el enfoque ortodoxo del Gobierno argentino, centrado en ajuste fiscal y liberalización de variables clave.

No obstante, el hermetismo es total en Casa Rosada, y no hay fechas definidas para el anuncio oficial del acuerdo. Lo único claro es que la definición final no sería antes de mediados de abril, aunque podría estirarse hasta fines del mes próximo. Antes, debería cerrarse el staff agreement, una instancia técnica clave para destrabar los desembolsos.

Caputo descarta una devaluación y apuesta al efecto psicológico del acuerdo

El ministro de Economía insistió en que la devaluación no es parte del programa ni está en discusión con el Fondo. Señaló que el acuerdo buscará recomponer el respaldo de los pasivos del Banco Central, lo que, en su visión, tendría un efecto directo sobre la estabilidad del dólar y la reducción del riesgo país.

“El nivel de respaldo que vamos a tener en unos días no lo tuvimos nunca, ni siquiera en la convertibilidad”, aseguró Caputo.

Con ese mensaje intenta frenar la escalada de los dólares paralelos y el desarme del carry trade, que volvió a agitarse en los últimos días ante la expectativa de un cambio brusco en la política cambiaria.

¿Qué sigue?

Hasta ahora, no se conocen los detalles del nuevo programa. Las miradas están puestas en tres ejes:

1. Condiciones del nuevo préstamo, especialmente en términos de metas fiscales, acumulación de reservas y tipo de cambio.
2. Velocidad de los desembolsos, clave para evitar una crisis de liquidez en el corto plazo.
3. Reacción de los mercados, que en los últimos días se mostraron sensibles a cualquier señal contradictoria.

La apuesta del Gobierno es que el acuerdo con el FMI sirva como ancla psicológica, reduzca el riesgo país —que superó los 700 puntos— y permita recuperar el acceso a los mercados internacionales. Pero en paralelo, la falta de certidumbre alimenta tensiones, y las decisiones se postergan mientras se espera una firma que, hasta ahora, no llega.

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