Ocho pacientes aislados por superbacterias, sin insumos básicos y con limpieza sin lavandina: así funciona hoy el sistema de salud que Claudio Vidal promete “recuperar”. La realidad golpea más fuerte que el relato.
Mientras el Gobierno de Santa Cruz intenta instalar un discurso de normalidad en el sistema de salud, la realidad dentro del Hospital Regional de Río Gallegos se aproxima más a una emergencia silenciosa que a un funcionamiento estable. La situación llegó a un punto crítico: los trabajadores denuncian que no hay guantes, no hay camisolines y el personal de limpieza limpia sin lavandina. Todo esto sucede en un contexto epidemiológico extremadamente delicado, con un 32% de los pacientes internados en aislamiento por bacterias multirresistentes, principalmente Acinetobacter, una cifra anormal y alarmante para una sala general.
Un hospital con 25 pacientes internados… y 8 en aislamiento por superbacterias
Según datos internos de la propia sala clínica:
25 pacientes internados
8 en aislamiento por bacterias multirresistentes, equivalentes al 32% del total
Un porcentaje que excede cualquier parámetro aceptable y que evidencia la presencia de brotes intrahospitalarios. En ese contexto, los trabajadores aseguran que no están recibiendo los insumos mínimos para la atención segura.
“Tenemos que entrar sin camisolines”
La supervisión de la clínica envió una nota interna indicando que el personal debe “extremar el uso” de los camisolines. Lo que, traducido a lo práctico, significa trabajar sin ellos.
Un trabajador lo explica con desesperación:
“Nos mandaron una nota diciendo que tenemos que extremar el uso de los camisolines. Pero tenemos un montón de aislamientos, y terminamos entrando casi sin protección a atender a los pacientes.”
La nota oficial —que debería haber exigido la reposición urgente de insumos— se limita a pedir “uso racional”. Para los trabajadores, el mensaje es claro: falta todo y el Estado prefiere disimularlo antes que resolverlo.
Guantes: el insumo básico que tampoco existe
La escena es digna de un sistema de salud abandonado:
cuando un paciente se ensucia, el personal debe pedir guantes a la familia.
Así lo denuncia otro empleado:
“No tenemos ni siquiera guantes. Si un paciente se hace caca, no tenemos guantes para cambiarlo. Le tenemos que pedir a la familia.”
Un hospital provincial, en pleno brote de superbacterias, sin el insumo más elemental para evitar contagios.
10 camisolines para 8 aislamientos y tres turnos: una cuenta que no cierra
La misma fuente detalla:
“Nos dan un paquete de 10 camisolines y tenemos 8 aislamientos. Y son tres turnos, y entrás tres o cuatro veces a ver al paciente. Es imposible.”
La falta de insumos no solo expone al personal: expone a los pacientes a contagios intrahospitalarios que el propio Ministerio debería prevenir.
Limpieza sin lavandina: el brote extendido y la desinfección mínima
El sector de limpieza tampoco escapa a la precariedad:
“Los chicos de limpieza están limpiando con agua sola, ni siquiera lavandina les dan.”
En cualquier institución sanitaria, la desinfección ambiental es la primera barrera contra la propagación de bacterias resistentes. En el Hospital Regional, esa barrera no existe.
El gobernador y el ministro de Salud: responsables directos de una crisis que se oculta a la comunidad
En este marco, la responsabilidad política es ineludible. El gobernador Claudio Vidal y su ministro de Salud son los responsables directos de esta crisis sanitaria, porque la falta de insumos básicos no es un accidente ni un imprevisto: es el resultado de decisiones, prioridades y omisiones de la conducción provincial. Mientras las familias creen que sus seres queridos están protegidos, el Gobierno permite que pacientes vulnerables sean atendidos sin guantes, sin camisolines y sin medidas mínimas de bioseguridad, exponiéndolos a riesgos completamente evitables. Es una situación que se sostiene a espaldas de los familiares, ocultando a la comunidad —que confía en el sistema de salud— la magnitud real del deterioro.
Un Estado ausente y una supervisión funcional al poder político
Los trabajadores afirman que los jefes directos realizan los reclamos correspondientes, pero que Supervisión —alineada políticamente con el Gobierno— no impulsa soluciones reales.
“Nuestros jefes reclaman, pero Supervisión como son del gobierno, hacen oídos sordos. Nos dicen que nos arreglemos.”
El resultado es un círculo vicioso:
falta de insumos → brotes intrahospitalarios → más aislamientos → más demanda de insumos → más escasez.
Un sistema colapsado que la conducción sanitaria intenta ocultar bajo indicaciones absurdas como “extremar el uso” de elementos que ya no existen.
Una emergencia que requiere respuestas, no silencios
El Gobierno provincial guarda silencio mientras los trabajadores sostienen con sus manos —y sin guantes— un sistema que se desintegra. La falta de insumos básicos en un brote de bacterias multirresistentes es una responsabilidad que no puede relativizarse ni minimizarse.
Lo que sucede en el Hospital Regional no es un hecho aislado ni un problema puntual:
es el resultado de una gestión sanitaria que se quedó sin capacidad de respuesta y sin voluntad política de enfrentar la realidad.
Y mientras tanto, cada día, el personal entra una y otra vez a las habitaciones —sin camisolines, sin guantes, sin lavandina— tratando de evitar que lo evitable ocurra: que un sistema desfinanciado siga enfermando a quienes debería curar.
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