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Vie, Ene

Economía

Las canastas básicas crecieron un 4,1%, superando la inflación del 2,8%. La comida vuelve a ser el principal motor de exclusión.

La desigualdad no se mide sólo por los discursos. Se mide en la góndola. Y los datos oficiales del INDEC difundidos esta semana lo confirman: en diciembre, mientras el Gobierno insistía con una “desaceleración inflacionaria” del 2,8%, las canastas básicas de pobreza e indigencia subieron un 4,1%, casi el doble. Silencio oficial.

Esa diferencia no es menor. No todos sufren igual la inflación. Quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a alimentos y servicios básicos –los sectores más empobrecidos del país– son los más golpeados por esta dinámica. Porque si suben la leche, el pan, el arroz y la carne, no hay índice “general” que disimule el golpe.

¿Qué reveló el INDEC?

La Canasta Básica Total (CBT), que marca el umbral de la pobreza, aumentó 27,7% en todo 2025. Para una familia tipo (varón de 35 años, mujer de 31, dos hijos menores), se necesitaron en diciembre $1.308.713 para no ser pobre. Sí, más de 1,3 millones por mes.

La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide el límite de la indigencia, subió aún más: 31% anual. Para no caer en esa línea extrema, la misma familia necesitó en diciembre $589.510. Una cifra inalcanzable para amplios sectores que ni siquiera están registrados en el mercado formal.

Los alimentos no perdonan

El principal motivo del aumento diferencial fue el salto en los precios de los alimentos, especialmente desde octubre. Ese mes, mientras la inflación general fue del 2,3%, la CBA subió 3,1%. Y en diciembre, con el 4,1%, el deterioro se consolidó.

La situación es más grave de lo que muestran las cifras. No se trata sólo de un número mensual, sino de una tendencia de siete meses consecutivos de aceleración inflacionaria, con impacto cada vez más concentrado en quienes menos margen tienen para defenderse.

Entre la arenga y la heladera

El Gobierno de Javier Milei, con Luis Caputo como estandarte económico, sigue vendiendo un relato de “estabilización”. Pero los datos de consumo, precios y pobreza lo desmienten con crudeza. ¿Qué estabiliza un modelo que deja a millones sin cubrir siquiera la comida del mes?

Mientras se anuncia ajuste fiscal, desregulación y libertad de mercado, las familias más vulnerables tienen que elegir entre pagar la luz o comprar carne. El Estado retrocede y la indigencia avanza. Sin red, sin amortiguadores, sin política social estructurada.

Y lo más grave: sin reacción.

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