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Mar, Ene

Interés General

Fuentes militares advierten por quiebre interno, falta de control psicológico y salarios bajos. La gestión de Defensa, en la mira.

El clima dentro de las Fuerzas Armadas atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. Fuentes militares en actividad y retiradas describen un escenario de angustia, bronca y desconfianza, atravesado por tres muertes de soldados voluntarios en menos de una semana, bajos salarios, falencias en la atención médica y una conducción política que, aseguran, “no da respuestas”.

“El funcionario tiene pánico”, desliza una de las fuentes consultadas. No solo por las muertes recientes –la última, este viernes, en Las Heras, Mendoza– sino por dos problemas que se le vienen encima. El primero es la tropa. Soldados voluntarios, sin aspiraciones de carrera larga, empiezan a hablar, a quejarse de los sueldos y de la atención médica. “Cuando la tropa habla con la novia o con el vecino, es para quilombo”, resume sin vueltas un militar en actividad.

El impacto del caso Olivos y la alarma psicológica

El segundo punto que preocupa, según relatan, es que la conducción no logra reponerse del caso del soldado muerto en la Quinta de Olivos. Para las fuentes, el episodio expone un problema estructural: el escaso control psicológico sobre jóvenes que, en pocos meses, reciben un arma y son destinados a tareas de custodia sensible, incluso presidencial.

“Habla de chicos a los que a los tres meses les dan un FAL para custodiar cualquier cosa”, señalan. El tema no es menor: la combinación de estrés, salarios bajos, falta de contención y responsabilidades extremas enciende todas las alarmas.

Malestar entre fuerzas y un vacío político evidente

El descontento no se limita al Ejército. Desde la Armada y la Fuerza Aérea auguran una “gestión corta y de fracaso”, y cuestionan un marcado desbalance entre fuerzas. Según las fuentes, el titular de Defensa se rodeó de compañeros de promoción, ocupando puestos expectantes y generando resentimiento interno.

La señal más clara fue política e institucional: la Armada le hizo el vacío a la jura del ministro Presti, directamente no participó del acto. “La Defensa no es solo el Ejército”, remarcan. Y agregan que no goza de la simpatía de los jefes navales ni aeronáuticos.

En ese marco, la designación de Marcelo Dalle Nogare como jefe del Estado Mayor Conjunto es leída puertas adentro como “una purga quirúrgica para devolver favores”, más que como una decisión estratégica para ordenar la crisis.

Decepción, continuidad y herencias pesadas

Hay, además, una decepción profunda con la cúpula militar. “No es la limpieza que esperábamos”, repiten. La continuidad de problemas estructurales arrastrados de la gestión de Luis Petri –crisis de la obra social, falta de jerarquización salarial, precarización de los voluntarios– sigue sin resolución.

Las tres muertes recientes –Olivos, Corrientes y ahora Mendoza– funcionan como un golpe seco sobre una institución que ya venía tensionada. Nadie afirma conclusiones judiciales. Pero todos coinciden en algo: hay una crisis humana, salarial y de conducción que el poder político no está atendiendo.

Cuando el silencio baja desde arriba y la tropa empieza a hablar, el problema ya no es interno. Es político.

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