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03
Mar, Feb

Ciencia y Tecnología

Un reciente estudio descartó evidencias de transporte glacial, reforzando la teoría de que pueblos neolíticos trasladaron las rocas deliberadamente desde cientos de kilómetros.

Un nuevo estudio científico vuelve a poner a Stonehenge en el centro de la escena arqueológica mundial: las icónicas piedras azules del monumento no habrían sido trasladadas por glaciares, sino que fueron movidas intencionalmente por humanos, según los últimos hallazgos publicados por la Universidad de Curtin (Australia).

Durante décadas, uno de los grandes debates arqueológicos giró en torno a cómo las enormes rocas —como la Piedra del Altar, de seis toneladas— llegaron a la llanura de Salisbury, en el sur de Inglaterra. La hipótesis glaciar sugería que podrían haber sido arrastradas por capas de hielo desde Escocia o Gales. Pero ahora, un análisis geológico de sedimentos y cristales de circón no encontró evidencias que respalden esa teoría.

El Dr. Anthony Clarke, autor principal del estudio, explicó: “Si los glaciares hubieran llevado rocas desde Escocia o Gales hasta Stonehenge, habrían dejado una clara firma mineral. Buscamos esos granos en los ríos cercanos y no encontramos ninguno”. El equipo analizó más de 500 cristales de circón, un mineral extremadamente resistente, capaz de registrar el viaje geológico de los sedimentos.

La técnica utilizada, conocida como “huella dactilar mineral”, permite rastrear el origen de partículas microscópicas. La ausencia de minerales erosionados de regiones lejanas indica que no hubo acción glaciar en la zona, lo cual refuerza la idea de que pueblos neolíticos transportaron deliberadamente las piedras hace más de 4.000 años.

Aún se desconoce con certeza cómo se movieron las rocas. Algunas teorías sugieren navegación fluvial o transporte por tierra usando troncos. “Puede que nunca sepamos el método exacto, pero casi con seguridad sabemos que el hielo no lo hizo”, afirmó Clarke.

El coautor, prof. Chris Kirkland, valoró el impacto de las nuevas técnicas científicas: “Analizar minerales más pequeños que un grano de arena nos permitió probar teorías centenarias”. También destacó que Stonehenge probablemente tuvo múltiples usos: calendario astronómico, templo ceremonial o sitio de reunión.

Este trabajo se suma a un estudio previo liderado también por Curtin en 2024, que identificó un origen escocés para la Piedra del Altar, reforzando la idea de un esfuerzo coordinado y planificado de transporte y construcción por parte de las comunidades de la época.

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