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Sáb, Nov

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La elección previsional reveló un oficialismo sin capacidad de movilización, ni respaldo social y un Claudio Vidal cada vez más aislado.

Por más que se intente disimular, relativizar o envolver en tecnicismos, la elección de la Caja de Previsión Social dejó al descubierto una verdad que en Santa Cruz muchos venían murmurando y ahora, tras el escrutinio, ya nadie puede negar: el liderazgo de Claudio Vidal atraviesa su crisis más profunda desde que llegó al poder.

Y lo más grave es que esta derrota no la produjo la oposición, ni una interna partidaria, ni un clima nacional adverso. La produjo la base misma que, hasta hace muy poco, Vidal decía representar.

Lo que quedó expuesto en esta elección no es un simple traspié: es la evidencia de un poder que ya no ordena, de una estructura que no responde, y de un gobernador que —tras la derrota electoral de Octubre— sigue acumulando golpes que erosionan su autoridad y su capital político.

La fallida demostración de fuerza del oficialismo

En elecciones como esta, el oficialismo provincial suele tener una ventaja natural:
territorio, intendentes, logística, estructura estatal y capacidad de movilización.

Nada de eso funcionó.

Vidal tenía, en teoría, todas las herramientas para que esta elección fuese un trámite.

Pero la realidad fue otra:

  • Intendentes que no movilizaron,
  • Militancias desordenadas,
  • Mensajes contradictorios,
  • Apatía en los trabajadores,
  • Y una participación bajísima que dejó al desnudo la incapacidad oficial para convocar siquiera a los propios.

Ni el norte petrolero —su cuna política— respondió.
Ni las comisiones de fomento alineadas a SER pudieron asegurar triunfos.
Ni siquiera Caleta Olivia, una ciudad gobernada por su espacio y con capacidad para torcer la elección provincial, logró mover la aguja.

Fue una derrota silenciosa, pero devastadora.

El dato incómodo: donde Claudio Vidal debía ser fuerte, perdió

Lo más revelador ocurrió en el territorio que debería ser su bastión:

Caleta Olivia y el norte productivo.

Allí la Lista Verde ganó pero por poco, dejando en evidencia que la influencia del gobernador en los sectores petroleros y trabajadores ya no es lo que supo ser.
Y lo que es peor: sus intendentes, lejos de ordenar, mostraron debilidad y desconexión con sus comunidades.

Si el oficialismo no puede movilizar ni a sus propios territorios aliados, ¿qué puede esperar en las elecciones verdaderamente importantes?

Río Gallegos definió lo que el Gobierno no pudo equilibrar

En cualquier escenario lógico, un gobernador con un aparato territorial articulado intenta compensar la fuerza de la capital con la de las localidades bajo su influencia.

Pero Vidal no lo logró.
Río Gallegos —territorio al que el gobernador castiga sistemáticamente — se llevó la elección provincial con una diferencia aplastante.

La ironía política es evidente:

la provincia se definió en la única ciudad donde el gobernador no tiene poder real y es donde descarga toda su frustración.

Una señal inocultable: el liderazgo que ya no convoca

La baja participación también es una lectura política.

Los trabajadores no acudieron masivamente, no respondieron a llamados, no se movilizaron.

El mensaje es claro:

Vidal ya no entusiasma, no moviliza y, en muchos lugares, no convence.

Un gobernador que nació con identidad sindical, que construyó poder desde la representación del trabajador, hoy no logra activar ni siquiera una elección de caja previsional.

Y eso, simbólicamente, es un golpe mucho más fuerte que cualquier derrota electoral tradicional.

La búsqueda desesperada de oxígeno

Claudio Vidal ya transita la segunda etapa de su gobierno con una gestión irregular, internas, hechos de corrupción, cambios de gabinete y conflictos crecientes, era evidente que necesitaba una demostración de fuerza.

La CPS era la oportunidad de recuperar iniciativa, mostrar músculo, dar señales de conducción.

Pero ocurrió lo contrario.

Este resultado se suma a una cadena de tropiezos que configuran una tendencia:

un liderazgo que se debilita, un poder territorial que no existe, y una desaprobación social que día a día se profundiza.

Por eso esta elección, aun siendo sectorial, tiene un impacto enorme:

no porque cambie la política provincial, sino porque reafirma que Claudio Vidal ya no puede controlar su propio territorio ni su propio espacio político.

Una derrota que trasciende el resultado

La elección de la CPS no solo exhibió debilidad.

Exhibió algo más peligroso para un gobernador: irrelevancia política en la base que dice representar.

Vidal podrá intentar reorganizar su gabinete, renovar discursos o buscar golpes de efecto.

Pero mientras no recupere autoridad dentro de su propio espacio, mientras no pueda ordenar a sus intendentes, y lo que es más importante mientras que la gente no lo sienta como un liderazgo sólido que trabaja para el bienestar de los santacruceños, seguirá administrando un poder erosionado que se achica elección tras elección.

Santa Cruz lo mira.

Los trabajadores se lo marcaron.

Y la política ya tomó nota.

Claudio Vidal está recibiendo señales claras. La pregunta es si tiene la capacidad de leerlas, entenderlas y trabajar para lo que fue elegido.

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