Según el BCRA, la tasa de mora llegó al 20 % en octubre. Las entidades no bancarias triplicaron su cartera de préstamos y ahora temen impagos masivos.
Argentina transita un laberinto de deuda doméstica que no para de crecer. Según el informe más reciente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad de las familias alcanzó el 20 % en octubre de 2025, casi el triple que un año atrás, cuando rondaba el 7,4 %. El dato no solo alarma: desnuda el fracaso del modelo económico que empuja a millones a vivir a crédito para sobrevivir.
La deuda familiar ya representa el 137 % del ingreso promedio, según el BCRA. Y en el caso de los trabajadores informales o autónomos, esa cifra trepa al 143 %. El deterioro es tan acelerado que en apenas 11 meses el endeudamiento con entidades no bancarias se triplicó, empujado por billeteras virtuales, financieras y grandes cadenas de retail.
Mientras tanto, más de 277 mil empleos se perdieron desde la llegada del gobierno de Javier Milei y cerraron más de 20 mil empresas, cifras devastadoras que confirman el ajuste como única política macroeconómica real. Todo esto en un contexto de inflación acumulada superior al 30 % que, según especialistas, está subestimada por la nueva metodología de medición del INDEC.
¿Cómo sobrevive una familia cuando el ingreso no alcanza ni para lo básico? A crédito. En Córdoba, por ejemplo, el 89,2 % de los hogares recurrió a algún tipo de financiamiento para poder comer, según el IETSE. El 41,4 % lo hizo con tarjetas de crédito, mientras que el 37,7 % directamente fiando en el almacén del barrio, donde la morosidad llega al 26,3 %. El problema ya no es solo económico: es estructural y social.
Los números son claros: la clase media está hipotecando su futuro, atrapada entre tasas usurarias y sueldos que no alcanzan. El sistema bancario tradicional, con más herramientas de cobro, mantiene una morosidad de apenas 4,4 %. Pero en el circuito informal y no bancario, la situación es crítica, y empieza a verse un efecto dominó que ya genera alerta en el propio sector financiero.
Guillermo Barbero, de First Capital Group, explicó que la combinación de morosidad y tasas altas está paralizando el crédito. En noviembre, los préstamos personales cayeron un 0,7 % y los prendarios un 2,1 % en términos reales. “La sombra de una morosidad creciente ha retraído la oferta y ralentiza la baja de tasas”, dijo.
Mientras tanto, el Gobierno se refugia en eufemismos y en ajustes que no contemplan el drama social que provocan. La motosierra avanza, pero no corta privilegios: corta derechos, corta salarios, corta futuro.
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