Investigadores de Michigan revelan que modelos como ChatGPT pueden predecir tu personalidad con más precisión que tus propios vínculos cercanos.
¿Quién te conoce mejor: vos, tus seres queridos o una inteligencia artificial? Aunque suene exagerado, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa Nature Human Behavior pone en debate esa pregunta. Investigadores de la Universidad de Michigan descubrieron que modelos de IA generativa ampliamente disponibles —como ChatGPT, Claude o LLaMa— pueden identificar rasgos de personalidad, emociones y comportamientos cotidianos con igual o mayor precisión que los familiares y amigos más cercanos.
El experimento fue simple pero revelador: se le pidió a la IA que analizara fragmentos de lenguaje espontáneo, como videodiarios o reflexiones grabadas, y luego respondiera cuestionarios de personalidad “como si fuera” la persona que hablaba. Participaron más de 160 personas, tanto en entornos controlados como en su vida diaria. Los resultados fueron consistentes: las descripciones generadas por la IA coincidieron fuertemente con la autoevaluación de los participantes y, en muchos casos, incluso superaron la capacidad de los vínculos humanos para captar con precisión esos rasgos.
"Muchas personas quieren entenderse mejor a sí mismas. Este estudio demuestra que la IA puede ayudarnos con eso", explicó Aidan Wright, psicólogo y psiquiatra de la UM y primer autor del estudio. La clave está en el lenguaje: nuestras palabras, incluso cuando no intentamos describirnos, revelan más de lo que creemos.
Los modelos más modernos no solo pudieron detectar aspectos centrales de la personalidad, sino también predecir estados afectivos como el estrés, la ansiedad, los vínculos sociales e incluso antecedentes de salud mental. Esto marca una diferencia respecto de métodos más antiguos de análisis de texto, que no lograban la misma sensibilidad. La IA, al parecer, no necesita preguntarte nada directamente: basta con escucharte hablar.
Para Chandra Sripada, coautor y especialista en filosofía y psiquiatría, el hallazgo abre una nueva frontera en la comprensión del comportamiento humano. “La escritura y el habla abiertas son una fuente riquísima de información psicológica, y la IA nos permite aprovecharla como nunca antes”, señaló.
Aun así, los investigadores admiten que el estudio no abarca todo. No se comparó directamente la eficacia de la IA con la de familiares o amigos en contextos evaluativos concretos, ni se analizó si factores como la edad, el género o el origen étnico podrían afectar los resultados. Tampoco está claro si la IA interpreta las mismas señales que un ser humano, o si lo hace desde mecanismos completamente distintos.
Pero más allá de los límites, el trabajo abre la puerta a usos impensados. Desde terapias personalizadas hasta nuevas formas de autoconocimiento, la posibilidad de que una IA detecte nuestros estados emocionales solo con leer o escuchar cómo hablamos, plantea interrogantes profundos: ¿cuánto decimos sin darnos cuenta? ¿Cuánto puede aprender de nosotros una máquina que nunca nos miró a los ojos?
En un mundo donde los algoritmos ya influyen en qué consumimos, cómo compramos o con quién interactuamos, que ahora también puedan detectar cómo somos por dentro no es solo un avance técnico: es un nuevo espejo, más preciso, más frío y tal vez más honesto.
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