Múlitiples bancos del sistema financiero argentino reflejan en sus balances el impacto de tasas altas y caída en la capacidad de pago de sus clientes.
El sistema financiero argentino atraviesa un cambio de ciclo marcado por el deterioro en la calidad del crédito y una creciente dificultad de pago por parte de familias y empresas. Los balances de los principales bancos que cotizan en Nueva York —Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, BBVA Argentina y Banco Supervielle— reflejan con claridad el impacto de un esquema económico basado en tasas reales positivas .
El caso más crítico fue el de Galicia, que registró una pérdida superior a los $83.000 millones, muy por encima de lo que esperaba el mercado. El dato central fue el incremento del 30% en los cargos por incobrabilidad, en un contexto donde la falta de recomposición salarial frente al costo del crédito deterioró la capacidad de pago de los deudores.
En una línea similar, Supervielle mostró un desempeño débil. La entidad no logró capitalizar la mejora en los títulos públicos y sus ingresos financieros quedaron absorbidos por el aumento de los gastos administrativos y el crecimiento de la mora en su cartera .
El panorama no fue completamente negativo, aunque tampoco alentador. El Banco Macro reportó ganancias por $100.080 millones, pero el resultado quedó un 40% por debajo de las expectativas de los inversores, afectado por costos extraordinarios como indemnizaciones y programas de retiro. Por su parte, BBVA se destacó como el banco más sólido del grupo, con una recuperación en su rentabilidad que logró sostener el optimismo del mercado.
Más allá de los balances, los indicadores del sistema muestran una tendencia preocupante. Según la consultora 1816, la mora en créditos a hogares alcanzó el 10,6% en enero de 2026, tras quince meses consecutivos de suba. El nivel remite a escenarios similares a los posteriores a la crisis de 2001-2002.
La situación es aún más delicada en el segmento no bancario. Allí, la irregularidad supera el 27%, lo que implica que más de uno de cada cuatro préstamos presenta problemas de pago. En este universo, empresas como Tarjeta Naranja y Mercado Libre —que concentran cerca del 60% del mercado— también registran un deterioro en sus carteras.
El factor determinante detrás de este escenario es el costo del dinero. Aunque las tasas nominales mostraron una leve baja, en términos reales siguen siendo elevadas. En febrero, la Tasa Efectiva Anual (TEA) real de los préstamos personales en bancos alcanzó el 40%, mientras que en entidades no financieras rondó el 150%.
Si se suma el Costo Financiero Total (CFT), que incluye cargos adicionales, la presión es aún mayor: en los bancos supera el 150% anual y puede escalar hasta el 350%. Esto genera un efecto paradójico: en un contexto de desaceleración inflacionaria, el peso real de las cuotas aumenta, complicando aún más la capacidad de pago.
Este cuadro impacta directamente en el consumo y en la dinámica del crédito. El crecimiento de los préstamos en pesos muestra señales de estancamiento, mientras que la suba de la mora comienza a reflejarse en los balances de las entidades.
A pesar del contexto, los analistas mantienen un optimismo cauteloso y proyectan 2026 como un año de transición hacia una normalización del sistema. En ese escenario, destacan el posicionamiento de BBVA en calidad de activos y señalan que el proceso de integración de Galicia podría mejorar su eficiencia en el mediano plazo.
La atención ahora está puesta en el próximo informe del Banco Central, que se espera para fines de marzo, donde se confirmarán oficialmente estos datos. El desafío es claro: sin una baja sostenida de tasas y una mejora en los ingresos, el sistema financiero enfrenta el riesgo de profundizar la exclusión crediticia en un momento donde el crédito resulta central para la recuperación económica.
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