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07
Sáb, Mar

Economía

Un informe sectorial marcó un deterioro sostenido de la actividad industrial, con problemas financieros, caída de la demanda interna y creciente preocupación por el avance de las importaciones.

La actividad industrial volvió a mostrar señales de deterioro en el arranque del año. Un relevamiento difundido por la Unión Industrial Argentina (UIA) indicó que más de la mitad de las fábricas del país registró caídas tanto en la producción como en las ventas, en un contexto marcado por tensiones financieras, menor demanda interna y preocupación creciente por el ingreso de productos importados.

El diagnóstico surge del Monitor de Desempeño Industrial, que durante enero se ubicó en 36,5 puntos. El indicador retrocedió 7,5 unidades respecto del informe anterior y consolidó una tendencia negativa en el sector manufacturero. El valor actual también refleja un deterioro frente al máximo registrado dos años atrás.

Los datos del estudio muestran que el 53,3 por ciento de las empresas consultadas redujo su nivel de producción durante el último trimestre. La demanda doméstica siguió el mismo camino: el 54,7 por ciento de las firmas reportó una caída en los pedidos provenientes del mercado interno, mientras que apenas el 13,3 por ciento señaló un incremento en sus ventas locales.

Las cifras fueron difundidas por la conducción de la entidad empresaria encabezada por Martín Rappallini en medio de un clima de tensión con el Gobierno nacional. El vínculo se volvió áspero en los últimos días luego de que el presidente Javier Milei utilizara apodos despectivos para referirse a dos de los empresarios industriales más influyentes del país: Paolo Rocca, del grupo Techint, y Javier Madanes Quintanilla, titular de Fate.

En ese contexto, el dirigente industrial planteó la necesidad de recomponer el vínculo entre el Ejecutivo y el sector productivo. “Queremos que vuelva el Milei que decía que los empresarios son héroes”, afirmó Rappallini durante una entrevista televisiva. Desde la entidad empresaria advierten que los altos costos locales reducen la competitividad frente a la apertura comercial que impulsa la administración nacional.

El informe también encendió alertas en el frente laboral. Según el relevamiento, el 22,2 por ciento de las empresas industriales redujo su plantel de trabajadores activos. La mitad de esos casos correspondió a despidos directos, mientras que el resto respondió a recortes de turnos o esquemas de suspensiones temporales ante la falta de actividad.

La contracción del consumo interno aparece como el principal problema para el sector. El 46,1 por ciento de las empresas señaló a la caída de la demanda doméstica como el obstáculo más importante para sostener la actividad. A ese factor se sumó la creciente preocupación por la competencia de productos importados, que pasó de niveles prácticamente inexistentes a representar el 19,4 por ciento de las respuestas.

El informe también describió un escenario financiero cada vez más complejo para las compañías. El 45,6 por ciento de las firmas indicó que enfrentó dificultades para afrontar pagos de salarios, proveedores o servicios públicos. Ante la falta de liquidez, muchas empresas recurrieron a endeudamiento de corto plazo o debieron asumir mayores costos financieros por los intereses derivados de atrasos en sus obligaciones.

La combinación de menor actividad, caída del consumo y presión de importaciones configura un escenario desafiante para el entramado industrial argentino, que sigue de cerca la evolución de las políticas económicas y comerciales definidas por el Gobierno.

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