La movilización recorrió el centro de la ciudad y reunió a organizaciones, funcionarios y vecinos bajo la consigna “Nunca Más”.
Río Gallegos vivió este martes una jornada de fuerte carga simbólica y política al cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976. Una multitud recorrió las calles céntricas para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado y reafirmar el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la justicia.
La movilización comenzó en el Paseo de la Memoria, en el Complejo Cultural, y avanzó por avenida San Martín hasta el escenario principal ubicado en la intersección de Kirchner y Fagnano. A lo largo del recorrido se sumaron organizaciones sociales, agrupaciones políticas, sindicatos, funcionarios y vecinos que marcharon bajo una consigna que atraviesa décadas: “Nunca Más”.
El acto central estuvo marcado por la lectura de un documento consensuado entre las organizaciones convocantes. Allí se reivindicó el proceso histórico de lucha por los derechos humanos y se destacó el juzgamiento a los responsables de la dictadura como uno de los pilares de la democracia argentina. Al mismo tiempo, el texto advirtió sobre la vigencia de disputas actuales, con especial preocupación por discursos que relativizan o niegan el terrorismo de Estado.
La jornada también incluyó una peatonal cultural con intervenciones artísticas, musicales y expresivas que rindieron homenaje a los más de 30.000 detenidos desaparecidos. En ese marco, se presentó un mural en homenaje al exdiputado provincial Juan Carlos Rosell, figura vinculada a la militancia política en Santa Cruz y víctima del terrorismo estatal.
Entre las autoridades presentes estuvo el intendente Pablo Grasso, quien acompañó la movilización junto a su gabinete. En declaraciones públicas, destacó la importancia de sostener la memoria colectiva como parte de la identidad actual y remarcó el rol de la sociedad en la defensa de los derechos y la democracia.
Uno de los momentos centrales fue la lectura del documento bajo la consigna “Hackear el olvido”, donde se definió al golpe de 1976 como un proyecto planificado con objetivos políticos, económicos y sociales. El texto trazó además vínculos con otros episodios históricos de violencia en la Patagonia y expresó preocupación por el presente, al advertir sobre posibles retrocesos en políticas de derechos humanos.
El cierre retomó las consignas históricas del movimiento de derechos humanos, con un llamado a fortalecer la organización social y sostener una memoria activa frente a cualquier intento de impunidad. En ese marco, la jornada volvió a dejar en claro que, medio siglo después, el reclamo sigue vigente y forma parte del presente político y social del país.
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