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Jue, Feb

Interés General

La firma que gestionaba los postres y yogures de SanCor fue declarada en quiebra y se ordenó la liquidación total de activos en Lincoln y Monte Cristo.

La industria láctea argentina sumó un nuevo y trágico episodio a su proceso de deterioro. El juez Federico Güerri, a cargo del Juzgado Comercial Nº 29, decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la empresa que desde 2016 administraba la unidad de postres y yogures de SanCor. La resolución ordena la liquidación total de activos, la inhibición general de bienes y el embargo de fondos, y formaliza el despido de casi 400 trabajadores que se desempeñaban en las plantas de Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, y Monte Cristo, en Córdoba.

El fallo judicial marca el cierre definitivo de un proceso que arrastraba años de inestabilidad. ARSA había comenzado su gestión bajo la órbita de un holding vinculado al Grupo Vicentin y luego pasó a manos de la firma venezolana Maralac SA. Las promesas iniciales de modernización y relanzamiento comercial contrastaron con una realidad marcada por deudas crecientes con transportistas, proveedores y empresas de energía, además de una progresiva paralización operativa.

Las consecuencias fueron visibles en las góndolas. Marcas históricas como Shimmy, Yogs, Sancorito y Sublime dejaron de tener presencia sostenida en el mercado. La pérdida de volumen y la interrupción de pagos profundizaron la crisis interna hasta desembocar en el desenlace judicial.

Para los trabajadores, el impacto es directo y severo. Muchos cuentan con más de 30 años de antigüedad y ahora deberán recurrir a la vía judicial a través de presentaciones de Pronto Pago Laboral Colectivo para intentar cobrar indemnizaciones, preavisos y salarios atrasados. Los incumplimientos salariales comenzaron mucho antes del dictado de la quiebra, según denuncian los trabajadores y trabajadoras.

El cierre de ARSA no aparece como un hecho aislado. El sector lácteo enfrenta una situacion muy compleja, con un fuerte derrumbe del consumo, costos cada día mas elevados y dificultades financieras. En ese escenario, otras empresas como Lácteos Verónica atraviesan situaciones delicadas que ponen en riesgo alrededor de 700 puestos de trabajo .

Desde la empresaria se atribuyó el colapso a la caída del consumo, la inflación y el incremento de costos operativos. Sin embargo, analistas y representantes gremiales señalan que el concurso preventivo no logró articular un plan sólido de rescate y que la administración avanzó hacia una liquidación que deja a dos comunidades industriales golpeadas por el desempleo.

Lincoln y Monte Cristo, donde las plantas eran un engranaje central de la economía local, enfrentan ahora un escenario de incertidumbre. El cierre no solo implica la pérdida de empleos directos, sino también el impacto sobre cadenas de proveedores y servicios asociados. La quiebra de ARSA, más allá de sus responsables, expone la fragilidad de un segmento productivo que supo ser emblema de la industria alimentaria nacional.

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