Mientras el gobernador de Santa Cruz simula oficios para las cámaras, pacientes trasplantados denuncian que se quedan sin medicación vital. Una vez más gestión brilla por su ausencia.
La escena es familiar: el gobernador Claudio Vidal aparece en redes sociales con casco de bombero, caña de pescar o brocha en mano, encarnando oficios que pretenden conectar con “el pueblo”. Pero mientras la imagen se difunde, la salud pública de Santa Cruz colapsa en silencio.
La falta de medicamentos esenciales para pacientes trasplantados, oncológicos y con enfermedades crónicas no es una denuncia aislada ni una maniobra opositora: es una urgencia médica concreta, sostenida en el tiempo y sin respuesta estructural. Y lo que hasta hace días parecía un problema de logística, ya revela su verdadera cara: el ajuste ejecutado con retórica popular y consecuencias letales.
No es estética: es política
La crítica no es por el overol. Es por la gestión que falta mientras los disfraces sobran. Porque mientras Vidal posa para las cámaras, pacientes trasplantados denuncian que se quedarán sin tacrolimus en febrero, que no reciben insulina especializada, que la CSS no responde ni ofrece alternativas.
Y la respuesta oficial no solo llega tarde, sino mal. El presidente de la obra social provincial, Gustavo Pérez Soruco, admitió que hay una “cuestión financiera” detrás del faltante de medicamentos de alto costo. También culpó a la logística, a los laboratorios y hasta al cierre temporal del aeropuerto.
Pero no ofreció ni un solo cronograma, ni una trazabilidad pública, ni una solución puente real. Solo porcentajes fríos, discursos defensivos y una frase peligrosa: “quédense tranquilos”.
Tranquilos no. Preocupados y en riesgo
Cuando un funcionario dice “quédense tranquilos” mientras una mujer trasplantada advierte que está a días de quedarse sin inmunosupresores, lo que falla no es solo el sistema: es la ética política.
No hablamos de faltantes menores. Hablamos de medicamentos que mantienen vivos a quienes ya pasaron por cirugías de alto riesgo, terapias oncológicas devastadoras o enfermedades degenerativas. Y que, si no se entregan a tiempo, ponen en riesgo órganos, cuerpos, vidas.
La retórica de la transparencia, vacía de contenido
Desde la CSS se insiste en que “todo se hace de forma transparente”, con compras ordenadas y gestión profesional. Pero cuando los tratamientos no llegan, la transparencia es solo una coartada elegante para la ineficiencia.
No hay nada transparente en dejar a los pacientes a la deriva. No hay eficiencia en responder a una emergencia con excusas técnicas. Y no hay política sanitaria donde lo único que se garantiza es la incertidumbre.
El límite del marketing: cuando la salud se convierte en víctima
Claudio Vidal prometió estar del lado de la gente. Pero gobernar no es actuar. Y disfrazarse de pescador no lo convierte en referente popular. La popularidad se construye con hechos, no con filtros de Instagram.
Y en este momento, los hechos son claros: la CSS no está garantizando el acceso regular y seguro a medicamentos esenciales. Y el gobierno provincial no está dando respuestas a la altura de la emergencia.
No se trata de ideología ni de banderas políticas. Se trata de responsabilidad estatal. Y esa responsabilidad se está eludiendo con una liviandad preocupante.
La vida no puede esperar
La salud pública no es un escenario. Es una red que sostiene a quienes más lo necesitan. Si el gobierno de Santa Cruz no puede garantizar el acceso a medicación esencial, entonces no es un problema de insumos: es un problema de prioridades.
Y si la prioridad del gobernador es su imagen antes que su gestión, entonces ya no se trata de política: se trata de moral.
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