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03
Vie, Abr

Economía

Un informe Focus Market reveló que aumentan los atrasos en créditos, impuestos y hasta cuotas escolares. El financiamiento crece, pero también los incumplimientos en gastos básicos de los hogares.

El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó niveles récord en el inicio de 2026, en un contexto donde el crédito se consolidó como una herramienta central para sostener el consumo, pero también expuso crecientes dificultades para cumplir con los pagos mensuales.

Según un relevamiento de Focus Market, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares y del Banco Central, las familias acumulan más de 39 billones de pesos en deudas, de los cuales 32,1 billones corresponden al sistema bancario y 6,9 billones a compromisos no bancarios.

El fenómeno no solo refleja un aumento en los montos, sino también un cambio estructural en la forma de financiarse. En los últimos años, el crédito formal ganó terreno frente al endeudamiento informal, alcanzando al 55,1% de los hogares en 2026, mientras que la deuda no bancaria descendió al 59%, reduciendo una brecha histórica.

Este crecimiento se explica por una mayor disponibilidad de crédito, impulsada por cambios macroeconómicos que favorecieron el financiamiento al sector privado. Sin embargo, el aumento en el acceso vino acompañado de un incremento significativo en los montos: hoy, la deuda bancaria promedio por hogar supera los 5,7 millones de pesos, equivalente a más de tres salarios promedio.

Pero el dato más preocupante es el avance de la morosidad. La proporción de deuda en situación irregular pasó del 2,7% en enero de 2025 al 10,6% en el mismo mes de 2026, lo que implica un salto significativo en apenas un año.

El deterioro es generalizado. Los préstamos personales muestran los niveles más altos de incumplimiento, con una tasa del 13,2%, seguidos por las tarjetas de crédito, que alcanzan el 11%. En el segmento de créditos de menor monto y mayor riesgo, la mora llega a casi un tercio del total.

En paralelo, la deuda no bancaria también evidencia señales de alerta. Cada vez más hogares acumulan atrasos en obligaciones básicas, como impuestos, expensas, servicios y cuotas educativas. En este último caso, los incumplimientos pasaron del 0,7% al 3,1%, mientras que el no pago de servicios trepó al 5,4%.

Estos indicadores reflejan un cambio en la dinámica económica cotidiana: las familias no solo recurren al crédito para consumir, sino también para cubrir gastos esenciales. A su vez, la caída en los préstamos entre familiares y conocidos sugiere que ese sostén informal comienza a agotarse.

El cuadro general muestra un sistema en expansión, pero con tensiones crecientes. Mientras el crédito gana protagonismo como motor del consumo, la capacidad de pago de los hogares aparece cada vez más comprometida, en un escenario donde los ingresos aún no logran recomponerse al ritmo del costo de vida.

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