Según Ciccra, el consumo per cápita en Argentina se ubicó en 47,3 kilos anuales y profundiza una tendencia descendente.
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer en febrero y alcanzó su nivel más bajo en los últimos 20 años, en un escenario marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento sostenido de los alimentos. Así lo indicó el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), que relevó una fuerte retracción tanto en términos totales como per cápita.
De acuerdo a los datos, el consumo aparente de carne vacuna registró una caída del 13,8% interanual en el primer bimestre de 2026, lo que equivale a una merma de más de 53 mil toneladas respecto del mismo período del año anterior. En paralelo, el consumo por habitante se ubicó en 47,3 kilos anuales, 1,2 kilos menos que en 2025, consolidando un piso histórico.
La cifra no solo refleja el peor registro en dos décadas, sino que confirma una tendencia descendente que se arrastra desde hace años. El contraste es marcado si se lo compara con el pico alcanzado en 2008, cuando el consumo llegaba a 69,4 kilos por persona al año, o incluso con 2005, cuando rondaba los 62,2 kilos.
Entre los factores que explican esta caída, el informe destaca el fuerte aumento de precios. El valor del ganado en pie alcanzó niveles máximos en términos relativos en los últimos quince años, lo que se trasladó directamente a las carnicerías. En ese contexto, el rubro carnes lideró las subas dentro del capítulo alimentos, con un incremento interanual del 54,1%, mientras que el precio promedio de los cortes vacunos trepó un 63,6%.
A esta presión inflacionaria se suma una menor oferta de hacienda, afectada por condiciones climáticas adversas como sequías e inundaciones en años recientes, que impactaron sobre la producción. De hecho, el informe señala que la producción de carne registró una caída del 9,1% en el mismo período.
En contraposición, las exportaciones mostraron un crecimiento del 6,6%, lo que también incidió en la disponibilidad de producto para el mercado interno.
Otro elemento que incide en el cambio de consumo es la creciente competencia de otras carnes. Tanto el pollo como el cerdo ganaron terreno en la dieta de los argentinos, en parte por sus precios relativamente más accesibles. Incluso, el pollo registró incrementos mensuales que también presionan sobre el bolsillo, pero aun así se mantiene como una alternativa más económica frente a la carne vacuna.
El panorama configura un cambio estructural en los hábitos alimentarios, donde la carne vacuna, históricamente central en la dieta argentina, pierde protagonismo frente a un contexto económico que obliga a ajustar consumos.
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