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07
Sáb, Mar

Interés General

El intendente de Río Gallegos denunció discriminación financiera, defendió el rol del Estado municipal y llamó a construir una unidad política “en serio” frente al ajuste. 

Pablo Grasso abrió el período legislativo 2026 con un discurso de alto voltaje político, marcado por un doble eje: la defensa cerrada de la gestión municipal y una fuerte ofensiva discursiva contra los gobiernos de Javier Milei y Claudio Vidal. Desde el inicio, el intendente planteó que Río Gallegos atraviesa un escenario excepcional, al que definió como un tiempo de “asfixia financiera” y de abandono deliberado por parte de la Nación y la Provincia.

En ese marco, sostuvo que por primera vez en la historia la capital santacruceña no recibió “ni un peso” ni del gobierno nacional ni del provincial, y denunció que esa exclusión no fue administrativa sino política. Según afirmó, mientras otras localidades sí accedieron a aportes y convenios, Río Gallegos quedó afuera de la distribución de recursos y de la continuidad de obras comprometidas. En esa línea, acusó a la gestión de Claudio Vidal de replicar la lógica de ajuste del gobierno nacional y de utilizar el ahogo financiero como herramienta de desgaste político contra su administración.

Grasso no se limitó a la denuncia. Buscó construir un contraste permanente entre lo que definió como un Estado que se retira y un municipio que asume cada vez más responsabilidades. Dijo que mientras la Provincia y la Nación recortan salud, educación, transporte, obra pública y asistencia social, el municipio decidió sostener servicios, continuar obras, recomponer salarios y ampliar políticas públicas. Esa contraposición atravesó todo el mensaje y funcionó como columna vertebral de su exposición.

Desde Hacienda, el balance oficial remarcó que durante 2025 el municipio debió financiar por completo el transporte público y sostener obras abandonadas por organismos nacionales. También destacó la incorporación de nuevos mecanismos de atención tributaria, la digitalización de pagos, convenios con entidades bancarias y una mejora operativa en distintas dependencias municipales. Grasso lamentó que el Presupuesto 2026 no fuera aprobado por el Concejo Deliberante y aprovechó para cuestionar lo que definió como un doble discurso sobre el endeudamiento: criticó que se negara al municipio una herramienta de financiamiento mientras la Provincia avanza, según dijo, hacia el mayor endeudamiento de su historia.

En materia salarial, reivindicó la negociación paritaria con el SOEM y aseguró que los sueldos municipales quedaron por encima de la media nacional para municipios similares y como los más altos del contexto santacruceño. Aun así, reconoció que la pérdida del poder adquisitivo no pudo ser compensada por completo en medio del esquema económico nacional. En un gesto político, anunció además que enviará al gobierno provincial el pedido para que convoque de manera inmediata a las paritarias provinciales.

Uno de los capítulos más extensos del discurso estuvo dedicado a la salud. Grasso puso en valor el rol de los cinco CAPS municipales, con 22 especialidades y 86 profesionales, y destacó la entrega de 717 anteojos, 50 prótesis dentales y más de 18 mil dosis de vacunas aplicadas durante 2025. Reivindicó la creación de la Dirección de Salud Mental y el despliegue territorial de operativos sanitarios, y vinculó esa expansión del sistema municipal con el colapso del sistema provincial. En ese punto endureció el tono y cuestionó que la Provincia siga atribuyendo sus problemas a la herencia recibida.

En seguridad y gobierno, la gestión exhibió una agenda centrada en tránsito, monitoreo, Guardia Urbana y protección civil. El intendente defendió la decisión de endurecer controles viales y sostuvo que los vehículos que se fugan de operativos serán secuestrados. También resaltó la consolidación de la Guardia Urbana, con entre 30 y 35 intervenciones diarias, y reivindicó que el último festival aniversario fue cubierto íntegramente por agentes municipales tras la ausencia de acompañamiento policial. A eso sumó el crecimiento del Centro de Monitoreo, con 90 cámaras activas y la incorporación de más de 30 nuevas unidades, además del trabajo de Protección Civil en emergencias, incendios, rastrillajes y alertas meteorológicas.

En el plano social, el discurso exhibió un fuerte énfasis en niñez, género, desarrollo comunitario y asistencia directa. Grasso afirmó que durante 2025 la Secretaría de Niñez intervino en más de 5 mil situaciones de vulneración de derechos, respondió miles de oficios judiciales y fortaleció casas de abrigo, programas de autonomía para jóvenes y dispositivos familiares. Reivindicó la inversión en el nuevo edificio del área y contrapuso esa política con la baja de la edad de imputabilidad, al señalar que mientras otros eligen castigar, el municipio elige prevenir.

La política de género también ocupó un lugar central. El intendente destacó la guardia de atención integral frente a la violencia, las más de mil atenciones registradas, el alojamiento provisorio para personas en riesgo y la capacitación de más de 800 agentes y vecinos. En ese tramo hizo una diferenciación política explícita al comparar la respuesta dada por su espacio ante denuncias contra un exconcejal con la actitud que, según dijo, el oficialismo provincial tuvo con Fernando Españón. “No somos iguales”, lanzó, antes de reafirmar: “A las mujeres y a los niños les creemos”.

En deportes, Grasso presentó una batería de cifras con la intención de mostrar masividad e inclusión: más de 4.300 chicos en colonias de verano, 6 mil niños y adolescentes por mes en gimnasios municipales, 4.680 participantes en el natatorio y unas 100 mil personas vinculadas a actividades organizadas por la comuna. Defendió la inversión en infraestructura, como el gimnasio Juan Domingo Perón, la refacción del natatorio Chela Gay, nuevas canchas de césped sintético y obras en distintos barrios, y planteó que el deporte dejó de ser un complemento para transformarse en una política estructural.

El turismo fue presentado como otra de las apuestas estratégicas del municipio. Grasso sostuvo que Río Gallegos dejó de pensarse como ciudad de paso para consolidarse como destino con identidad propia. Mencionó más de 200 actividades gratuitas, más de 17 mil participantes, crecimiento en conectividad aérea y terrestre, y la consolidación de atractivos como Punta Loyola, Laguna Azul, Cabo Vírgenes y las reservas urbanas. En ese contexto defendió especialmente la apertura de una Casa de Turismo en Caleta Olivia, una decisión que consideró estratégica para promocionar la ciudad en un nodo clave de la Ruta 3 y ampliar el impacto económico local.

La obra pública fue otro de los núcleos duros del discurso. El intendente insistió en que, aun con recortes externos, el municipio ejecutó obras millonarias, entregó escrituras, regularizó tierras y avanzó con herramientas de ordenamiento urbano. Enumeró licitaciones finalizadas, como la intervención paisajística en Laguna Ortiz, el Planetario y el gimnasio polideportivo municipal, junto con otras en ejecución para 2026, entre ellas el galpón municipal en el distrito YCF, el nuevo crematorio, el centro de interpretación de flora y fauna, la ampliación del Benjamín Verón y nuevas obras viales. También subrayó la regularización de tierras y la firma de 106 escrituras traslativas de dominio, 97 entregas de terrenos y cientos de trámites vinculados a fijación de domicilio y servicios.

En construcción y saneamiento, el intendente puso el foco en la dimensión cotidiana de la gestión. Destacó más de 10.600 reclamos atendidos por redes pluvio-cloacales, la ejecución de nuevas conexiones y extensiones de red, la recolección de 120 mil kilos diarios de residuos, el mantenimiento de plazas y tendidos eléctricos, y la producción de plantines, árboles y arbustos para espacios verdes. Allí también reclamó coordinación con Servicios Públicos y volvió a marcar que la desarticulación entre niveles del Estado termina impactando de lleno sobre los vecinos.

La defensa del comercio y la producción local apareció desde una lógica de acompañamiento en la crisis. Grasso reconoció el mal momento del sector, con caída del consumo y aumento de costos, pero sostuvo que el municipio eligió intervenir con habilitaciones, simplificación administrativa, programas de comercialización como el Mercado del Atlántico y capacitaciones para emprendedores. En paralelo, rechazó el relato sobre una supuesta baja de presión fiscal desde la Nación y relativizó el peso de las tasas municipales frente a los impuestos nacionales y provinciales.

Hacia el cierre, el discurso dejó de ser un balance de gestión y se convirtió de lleno en un mensaje político. Grasso encadenó la devaluación, la caída del consumo, la paralización de la obra pública, la quita de subsidios, la reforma laboral y el acompañamiento legislativo que esas medidas tuvieron desde Santa Cruz para construir una acusación más amplia: que el ajuste nacional y sus aliados provinciales tienen consecuencias concretas en la vida diaria de Río Gallegos. Sobre esa base llamó a construir una unidad política “responsable”, no como “rejunte de enojados”, sino como alternativa frente al modelo actual.

El remate fue directo, sin matices y con tono de campaña. “Ya lo dije: son un gobierno de transición”, lanzó en referencia a la administración provincial. Después llegó la definición más filosa de toda la jornada: “Yo no transo. Yo no acuerdo con los que están destruyendo a Santa Cruz, porque la amo, como amo a Río Gallegos”. Así cerró una apertura de sesiones que funcionó menos como acto protocolar y más como manifiesto de oposición, con gestión, confrontación y proyección política en una misma escena.

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