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06
Mié, May

Ciencia y Tecnología

Investigadores identificaron el umbral exacto de lipoproteína(a) vinculado a mayor riesgo de accidente cerebrovascular y muerte cardiovascular en 20.000 pacientes.

Un análisis de datos de más de 20.000 pacientes provenientes de tres ensayos clínicos aleatorizados de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH) acaba de redefinir el panorama del riesgo cardiovascular.

Los nuevos datos muestran que los niveles elevados de lipoproteína(a) —conocida como Lp(a)— están asociados con un riesgo cardiovascular residual que exige una reducción agresiva de factores de riesgo.

Los hallazgos fueron presentados como investigación de última hora en las Sesiones Científicas de la Sociedad de Angiografía e Intervenciones Cardiovasculares (SCAI) 2026 y en la Cumbre de la Asociación Canadiense de Cardiología Intervencionista, ambas realizadas en Montreal.

La pregunta que desvela a los cardiólogos desde hace tiempo no es si la Lp(a) hace daño, sino cuánto daño hace y a quién. Este estudio empieza a dar respuestas concretas.

Qué es la Lp(a) y por qué importa

La Lp(a) es un tipo de partícula en sangre que transporta colesterol. Se asemeja al LDL —el llamado colesterol "malo"— pero tiene una proteína adicional unida que puede incrementar su contribución a las enfermedades cardíacas. Los niveles elevados de Lp(a) son predominantemente hereditarios y pueden aumentar el riesgo cardiovascular incluso cuando los niveles tradicionales de colesterol son normales.

Este detalle es central: una persona puede tener su colesterol LDL perfectamente controlado y, sin embargo, estar acumulando un riesgo silencioso.

Aproximadamente una de cada cinco personas tiene Lp(a) elevada, y la mayoría lo desconoce porque generalmente no produce síntomas. En Argentina, donde las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de muerte, este dato no es menor: hay millones de personas que caminan sin saberlo con un marcador genético de riesgo que ningún análisis de rutina les detectó.

Además de compartir características con el LDL, la Lp(a) también contiene proteínas que intervienen en la coagulación sanguínea, lo que puede hacerla incluso más nociva que el LDL como marcador de riesgo cardiovascular.

El estudio: metodología y alcance

El trabajo examinó muestras de plasma almacenadas de 20.070 participantes de 40 años o más que participaron en los ensayos aleatorizados ACCORD, PEACE y SPRINT de los NIH. Los investigadores analizaron todas las muestras en un laboratorio especializado utilizando un test estandarizado y reportaron los resultados en nmol/L. Los participantes fueron clasificados por niveles de Lp(a) —menores a 75, entre 75 y 125, entre 125 y 175, o de 175 nmol/L en adelante— y según tuvieran o no enfermedad cardíaca preexistente. Los modelos estadísticos contemplaron factores como edad, condiciones de salud, niveles de lípidos y tratamientos.

La edad media de los participantes fue de 65,2 años, y el 64,9% eran hombres. El resultado principal medido fue la ocurrencia de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE), que incluyeron infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, revascularización coronaria o muerte de causa cardíaca. Durante un seguimiento mediano de 3,98 años, se registraron 1.461 eventos MACE, lo que representa el 7,3% de la cohorte.

Los números que cambian el cuadro clínico

Tras casi cuatro años de seguimiento, los pacientes con Lp(a) superior a 175 nmol/L presentaron un 31% más de probabilidad de experimentar un evento cardiovascular adverso grave. Este riesgo aumentado fue impulsado principalmente por mayor incidencia de ACV y muerte cardiovascular, pero no por infarto de miocardio.

La Lp(a) elevada —igual o superior a 175 nmol/L— se asoció de forma independiente con mayor riesgo de MACE, muerte cardiovascular y accidente cerebrovascular, pero no de infarto, incluso tras el ajuste por terapias estándar. El riesgo fue más pronunciado en personas con enfermedad cardíaca preexistente, lo que indica que los niveles altos de Lp(a) confieren un riesgo cardiovascular residual a pesar del tratamiento habitual.

Los resultados refuerzan el creciente consenso de que medir la Lp(a) podría convertirse en una parte importante de la evaluación rutinaria del riesgo cardiovascular, particularmente en quienes logran controlar sus niveles de LDL pero siguen siendo vulnerables.

La voz de la especialidad

El doctor Subhash Banerjee, cardiólogo intervencionista del Baylor Scott & White de Dallas, Texas, sostuvo que "por primera vez podemos cuantificar el nivel específico de Lp(a) que coloca a los pacientes en un riesgo significativamente mayor de eventos cardiovasculares graves, especialmente ACV y muerte". Agregó que, independientemente de la edad, los pacientes pueden hacerse un análisis de sangre sencillo y económico para determinar si tienen esta condición genética, y que quienes presenten Lp(a) elevada deberían trabajar estrechamente con su médico para bajar agresivamente el colesterol LDL y controlar otros factores de riesgo cardiovascular. Subrayó que este conocimiento es especialmente valioso "a medida que se vislumbran nuevas opciones de tratamiento dirigidas".

Por su parte, la doctora J. Dawn Abbott, cardióloga intervencionista del Brown University Health Cardiovascular Institute y presidenta de la SCAI, señaló que medir la Lp(a) puede ayudar a los médicos a determinar qué terapias podrían reducir el riesgo cardiovascular a lo largo de la vida. "En el cuartil más alto, hay un riesgo elevado de eventos cardiovasculares mayores por encima de los factores de riesgo estándar conocidos", afirmó. "Esto puede identificar pacientes en quienes pueden funcionar terapias novedosas como los ARN mensajeros pequeños de interferencia". También señaló que incluso pacientes con Lp(a) elevada que no alcanzan ese umbral podrían beneficiarse de terapias adicionales.

El horizonte terapéutico: lo que viene

El estudio no se limita a describir un problema; apunta hacia soluciones concretas. El pelacarsen es un oligonucleótido antisentido diseñado para unirse al ARNm de LPA en los hepatocitos, evitando así la traducción de la proteína apo(a). En el ensayo de fase 2 correspondiente, demostró reducciones de los niveles plasmáticos de Lp(a) de hasta el 80%.
Por su parte, el olpasiran es una terapia de ARN de interferencia pequeño que inhibe la expresión del gen LPA. En el estudio de fase 2 OCEAN(a)-DOSE, el olpasiran logró reducciones sostenidas de Lp(a) de hasta el 90% tras una sola inyección.

Los investigadores señalaron que el análisis de muestras biológicas almacenadas puede revelar nuevas perspectivas a partir de ensayos ya concluidos. Los trabajos futuros se centrarán en grupos específicos de pacientes, incluidos aquellos con enfermedad renal crónica y enfermedad arterial periférica.

Lo que queda en evidencia es que el sistema de salud —argentino y global— arrastra una deuda diagnóstica. Millones de personas pasan por consultas médicas, se hacen análisis de colesterol, cumplen con sus estatinas y se van a casa con una falsa sensación de tranquilidad cardiovascular. La Lp(a), ese marcador genético que no figura en el perfil lipídico de rutina, puede estar operando en silencio. La pregunta que debería plantearse en cada consultorio ya no es solo cuánto LDL tiene el paciente, sino qué dice su Lp(a).

Fuente: scai confex

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