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Jue, Abr

Ciencia y Tecnología

Un análisis sugiere que las señales alienígenas podrían ser escasas, débiles o haber pasado desapercibidas.

Durante más de seis décadas, la ciencia ha intentado responder una de las preguntas más profundas de la humanidad: si estamos solos en el universo. Sin embargo, un nuevo estudio propone que el problema podría no ser la ausencia de señales extraterrestres, sino la dificultad para detectarlas.

La investigación, desarrollada en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), plantea un escenario inquietante: es posible que señales de civilizaciones tecnológicamente avanzadas hayan pasado por la Tierra sin ser registradas por nuestros instrumentos.

Desde el inicio de los programas de búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) en 1960, los científicos han explorado la Vía Láctea en busca de tecnofirmas, es decir, señales que evidencien actividad tecnológica más allá de nuestro planeta. Estas pueden incluir emisiones de radio, pulsos láser o incluso el calor generado por grandes estructuras artificiales.

A pesar de los avances tecnológicos, ninguna señal ha sido confirmada hasta el momento. Tradicionalmente, esta ausencia se atribuyó a la limitada porción del universo explorada. Sin embargo, el nuevo enfoque introduce otra posibilidad: que las señales sí hayan llegado, pero no hayan sido detectadas debido a su debilidad, brevedad o a que fueron emitidas en frecuencias no monitoreadas.

El estudio, liderado por el físico Claudio Grimaldi, utiliza modelos estadísticos para analizar cuántas señales deberían haber pasado por la Tierra desde 1960 para que hoy existiera una probabilidad razonable de detectarlas. Los resultados son menos optimistas de lo esperado.

Según el análisis, para detectar señales provenientes de distancias relativamente cercanas —de unos cientos o miles de años luz— sería necesario que una cantidad extremadamente alta de tecnofirmas ya hubiera atravesado nuestro planeta sin ser registradas. En muchos casos, ese número resulta poco realista, incluso superior al de planetas potencialmente habitables en esas regiones.

Esto lleva a una conclusión clave: la detección sería más probable si las señales provienen de distancias mucho mayores y si tienen una duración prolongada. En ese escenario, las tecnofirmas podrían viajar miles de años luz y ser captadas eventualmente, aunque la probabilidad de detección en un momento dado seguiría siendo baja.

El trabajo también introduce una distinción importante entre “contacto” y “detección”. Una señal puede haber pasado por la Tierra —lo que implicaría un contacto— sin que haya sido identificada por los sistemas de observación disponibles.

Este cambio de perspectiva redefine las estrategias futuras. En lugar de esperar señales claras y cercanas, los científicos podrían enfocarse en búsquedas más extensas, sostenidas en el tiempo y orientadas a regiones más lejanas del espacio.

Lejos de cerrar la puerta a la posibilidad de vida inteligente fuera de la Tierra, el estudio sugiere que la búsqueda recién está en una etapa inicial, y que las respuestas podrían requerir décadas —o incluso siglos— de observación continua.

Fuente: DOI: 10.3847/1538-3881/ae394b

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