Simplemente Noticias

Nobel de Medicina 2026: la técnica que usa luz para intentar recuperar visión

Compartir Facebook X WhatsApp
Nobel de Medicina 2026: la técnica que usa luz para intentar recuperar visión

La optogenética, premiada este año, permite modificar células para que respondan a la luz. Una terapia contra la retinitis pigmentosa ya está bajo revisión de la FDA.

¿Puede una célula que originalmente no estaba diseñada para detectar luz adquirir esa capacidad?

La pregunta parece propia de la ciencia ficción, pero está detrás de una de las tecnologías más importantes de la neurociencia moderna y de una línea experimental que ya llegó a las agencias regulatorias como posible tratamiento para personas con pérdida severa de visión.

Se llama optogenética.

Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel recibieron este 5 de octubre el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por sus descubrimientos relacionados con los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de esta herramienta.

La optogenética permite introducir proteínas sensibles a la luz en determinadas células y utilizar iluminación para modificar su actividad con enorme precisión.

El principio revolucionó el estudio del cerebro porque hizo posible activar o inhibir grupos concretos de neuronas y observar qué consecuencias produce esa intervención.

Pero con el paso de los años apareció una aplicación diferente: aprovechar la misma lógica para intentar que células supervivientes de una retina dañada respondan directamente a la luz.

Esa posibilidad ya no se encuentra solamente en modelos de laboratorio.

Una de las terapias más avanzadas, denominada MOGENRY, está actualmente bajo revisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, para personas con retinitis pigmentosa y pérdida visual severa.

La historia comenzó mucho antes de pensar en recuperar visión humana.

Hegemann y Nagel estudiaron proteínas presentes en microorganismos capaces de detectar la luz. Entre ellas aparecen las canalrodopsinas, que funcionan como canales en las membranas celulares.

Cuando reciben determinadas longitudes de onda, esas proteínas cambian de conformación y permiten el paso de iones.

Ese desplazamiento de cargas modifica eléctricamente la célula.

En algunos microorganismos, ese mecanismo contribuye a orientarlos hacia condiciones de luz favorables.

El salto conceptual ocurrió cuando los investigadores comprendieron que esas proteínas podían introducirse en otras células.

Si una proteína fotosensible podía funcionar dentro de una neurona, entonces esa neurona también podía responder a la luz.

A comienzos de los años 2000, ese conocimiento desembocó en los experimentos que sentaron las bases de la optogenética moderna.

En 2005, el laboratorio de Karl Deisseroth demostró que neuronas que expresaban Channelrhodopsin-2 podían ser activadas mediante pulsos luminosos con precisión temporal de milisegundos.

La luz dejó de ser solamente un estímulo que los científicos observaban.

Se convirtió en una herramienta para intervenir sobre circuitos biológicos.

El esquema básico es relativamente sencillo de comprender: una proteína sensible detecta la luz, abre un canal iónico, cambia el estado eléctrico de la célula y modifica su actividad.

Lo extraordinario está en poder decidir qué células contienen esa proteína.

Así, los investigadores comenzaron a seleccionar determinados grupos neuronales, activarlos o silenciarlos y estudiar las consecuencias.

La técnica permitió pasar de observar asociaciones a experimentar directamente con relaciones causales dentro de los circuitos cerebrales.

Después surgió otra pregunta.

Si una célula puede ser modificada para responder a la luz, ¿podría utilizarse ese principio dentro de una retina que perdió sus sensores naturales?

En una retina sana, la luz es captada principalmente por dos tipos de fotorreceptores: conos y bastones.

Esas células transforman los fotones en señales eléctricas que atraviesan distintos circuitos retinales antes de llegar al nervio óptico y finalmente al cerebro.

La experiencia visual aparece cuando el sistema nervioso interpreta esa información.

En enfermedades como la retinitis pigmentosa, diferentes alteraciones genéticas pueden provocar la degeneración progresiva de los fotorreceptores.

La persona puede empezar perdiendo visión nocturna, desarrollar después una reducción del campo visual y, en formas avanzadas, sufrir una pérdida muy severa de la visión.

Sin embargo, la desaparición de conos y bastones no significa necesariamente que toda la retina haya desaparecido.

Otras células pueden sobrevivir.

Y allí aparece la estrategia optogenética.

En lugar de reconstruir obligatoriamente los fotorreceptores perdidos, algunos tratamientos buscan convertir células supervivientes en nuevos sensores luminosos.

Para conseguirlo se utiliza terapia génica.

Un vector viral modificado transporta hasta las células retinales instrucciones genéticas para producir una proteína sensible a la luz.

Cuando la célula comienza a fabricar esa proteína y la incorpora a su membrana, adquiere una capacidad que antes no tenía: responder directamente a la iluminación.

La célula no se convierte literalmente en un cono ni en un bastón.

Pero puede comenzar a realizar parte de una función que el circuito perdió.

Ese es el principio que utiliza MOGENRY, nombre propuesto para sonpiretigene isteparvovec, anteriormente conocido como MCO-010.

La terapia desarrollada por Nanoscope Therapeutics utiliza un vector viral adenoasociado para llevar a células bipolares de la retina el gen de una opsina sintética denominada MCO, por Multi-Characteristic Opsin.

Esas células bipolares forman parte naturalmente del circuito retinal y pueden permanecer presentes incluso después de una pérdida considerable de fotorreceptores.

La estrategia intenta volverlas sensibles a la luz y aprovechar las conexiones restantes para enviar información hacia el cerebro.

Una particularidad importante es que MOGENRY no busca corregir cada una de las mutaciones que pueden causar retinitis pigmentosa.

La enfermedad puede deberse a numerosos genes diferentes, lo que complica el desarrollo de terapias específicas para cada variante.

MOGENRY intenta actuar más adelante en el proceso: después de que los fotorreceptores ya fueron dañados.

Por eso su desarrollador la presenta como una estrategia independiente del gen causante.

Esto no significa que pueda utilizarse para cualquier tipo de ceguera.

Significa que su mecanismo no necesita corregir necesariamente la mutación individual responsable de la retinitis pigmentosa de cada paciente.

La terapia se administra mediante una inyección intravítrea, es decir, directamente dentro del ojo.

Según Nanoscope, fue diseñada como un tratamiento de una sola administración y sin necesidad de cirugía retinal compleja.

La opsina utilizada también fue desarrollada para responder a un rango amplio de luz y con una sensibilidad mayor que varias proteínas empleadas en las primeras generaciones de optogenética.

Esto es relevante porque algunas estrategias anteriores necesitaban dispositivos externos capaces de captar imágenes y proyectar estímulos luminosos intensificados sobre la retina.

El objetivo de MCO-010 es poder trabajar con condiciones más cercanas a la iluminación ambiental habitual.

Aun así, hablar de “volver a ver” requiere cautela.

La recuperación evaluada en estos estudios no equivale necesariamente a restaurar una visión normal.

Los ensayos clínicos miden funciones como agudeza visual y capacidad para utilizar información visual en actividades concretas.

Una persona tratada no necesariamente recupera la misma imagen que tenía antes de la enfermedad.

La FDA aceptó formalmente el 9 de septiembre de 2026 la solicitud de licencia biológica presentada por Nanoscope para MOGENRY.

Eso significa que comenzó la revisión regulatoria.

No significa que la terapia esté aprobada.

La agencia debe evaluar los datos de eficacia, seguridad, fabricación y calidad antes de decidir si autoriza su comercialización.

La solicitud se apoya en resultados del ensayo RESTORE de fase 2b/3 y en datos de seguimiento prolongado del estudio REMAIN.

RESTORE fue un estudio multicéntrico, aleatorizado, doble ciego y controlado mediante intervención simulada en pacientes con retinitis pigmentosa y pérdida visual severa.

Según la compañía, el ensayo alcanzó sus objetivos principales y mostró mejoras en agudeza visual en los períodos evaluados.

Los resultados necesitan igualmente ser considerados dentro del proceso regulatorio y de la evaluación independiente de la evidencia.

El programa también avanzó fuera de Estados Unidos.

El 1 de octubre, Japón aceptó una solicitud regulatoria para MOGENRY y le otorgó revisión prioritaria en el marco del tratamiento de determinadas distrofias hereditarias de retina.

Si finalmente recibe autorización, sería uno de los ejemplos más avanzados de una terapia optogenética trasladada desde la investigación básica hacia la práctica clínica.

Pero la retina no es toda la historia.

La visión también depende del cerebro.

Cuando una señal llega desde el ojo, el sistema nervioso debe interpretarla. Si esa información proviene ahora de células modificadas que no eran originalmente los fotorreceptores naturales, el patrón puede ser distinto del que el cerebro recibió durante años.

Allí entra en juego la neuroplasticidad.

El cerebro puede aprender a interpretar nuevas formas de información sensorial, aunque cuánto puede adaptarse y con qué calidad visual constituye todavía una de las grandes preguntas de estas terapias.

Por eso la recuperación potencial no depende únicamente de introducir correctamente un gen dentro de la retina.

También intervienen el estado de las células restantes, el nervio óptico, las vías visuales y la capacidad cerebral para utilizar la nueva señal.

Esa limitación explica por qué la optogenética no puede presentarse como una cura universal contra la ceguera.

Las pérdidas visuales tienen múltiples causas.

Una lesión grave del nervio óptico, por ejemplo, plantea un problema diferente al de una enfermedad en la que se degeneraron los fotorreceptores pero se mantienen otras estructuras retinales.

La estrategia necesita que una parte suficientemente importante del circuito continúe disponible.

MOGENRY tampoco es el único intento de trasladar la optogenética a la oftalmología.

Distintos grupos trabajan con proteínas, vectores y células objetivo diferentes para intentar reconstruir parcialmente la sensibilidad luminosa en personas con enfermedades degenerativas.

La tecnología todavía atraviesa una etapa de desarrollo clínico, pero ya dejó de ser exclusivamente una herramienta experimental para estudiar cerebros de animales.

Y ahí aparece la dimensión que vuelve especialmente significativo el Nobel de este año.

El premio no fue concedido por MOGENRY.

Tampoco reconoce específicamente un tratamiento contra la retinitis pigmentosa.

Reconoce una cadena de descubrimientos fundamentales que comenzó estudiando cómo organismos simples responden a la luz y terminó proporcionando a la ciencia una manera completamente nueva de controlar células.

Hegemann y Nagel contribuyeron a descubrir y caracterizar los canales activados por luz que hicieron posible la técnica.

Deisseroth convirtió esos hallazgos en una herramienta capaz de controlar de manera específica la actividad neuronal dentro de circuitos biológicos.

Décadas después, el mismo principio sirve para plantear una posibilidad médica radical: si las células originales que realizaban una función desaparecieron, quizá otras células supervivientes puedan asumir parte de ese trabajo.

En la retina, eso significa no intentar necesariamente resucitar los fotorreceptores muertos.

Significa modificar otro componente del circuito para que comience a detectar luz.

Todavía no sabemos hasta dónde podrá llegar esa idea.

MOGENRY continúa siendo una terapia experimental bajo evaluación regulatoria. Su eventual aprobación dependerá de que los organismos competentes consideren suficientes sus beneficios, seguridad y calidad.

Pero el recorrido científico ya es extraordinario.

Una proteína que permitió comprender cómo ciertos microorganismos responden a la luz terminó ayudando a los investigadores a encender neuronas.

Esa capacidad transformó la neurociencia.

Y ahora una versión de aquel mismo concepto intenta que células de una retina enferma vuelvan a enviarle información luminosa al cerebro.

Publicidad
En vivo INFO24 RADIO
Ahora suena
Info24 Radio
En vivo
Volumen
EN VIVO
Info24 Radio
En vivo · Info24 Radio