¿Por qué una persona continúa buscando drogas incluso cuando hacerlo se vuelve cada vez más difícil, frustrante o perjudicial? Un grupo de investigadores de la Universidad de Texas Medical Branch propone una nueva explicación que pone el foco en un mecanismo conductual tan cotidiano como decisivo: la capacidad de la frustración para hacernos abandonar un objetivo.
La idea fue presentada en un artículo publicado el 14 de agosto de 2026 en Frontiers in Psychiatry bajo el nombre de “hipótesis del fallo del freno de la frustración”. Se trata de una propuesta teórica y no de un mecanismo cerebral ya demostrado.
El concepto parte de una experiencia común. Cuando una persona persigue algo que desea y encuentra obstáculos, la frustración puede inicialmente llevarla a esforzarse más. Pero si las dificultades aumentan y la recompensa parece cada vez menos probable, esa misma frustración suele terminar reduciendo la motivación.
En otras palabras, llega un momento en el que el esfuerzo deja de valer la pena y la persona abandona.
Los investigadores plantean que, en algunos casos de trastorno por consumo de sustancias, ese “freno” podría funcionar de manera deficiente. La frustración seguiría apareciendo, pero perdería parte de su capacidad para reducir la motivación y detener la búsqueda de drogas.
La propuesta intenta complementar, y no reemplazar, las explicaciones tradicionales sobre las adicciones.
Durante décadas, buena parte de la investigación se concentró en cómo el consumo repetido de sustancias modifica los circuitos de recompensa, fortalece los deseos compulsivos, aumenta la impulsividad y favorece conductas cada vez más automáticas o habituales.
La hipótesis de los investigadores de la UTMB agrega otro interrogante: qué sucede cuando una señal que normalmente debería indicar “hasta acá” deja de cumplir esa función.
Yorkiris Mármol Contreras, autora principal del artículo y estudiante de doctorado en ciencias biomédicas, señaló que existe abundante investigación sobre recompensa, impulsividad y hábitos, pero mucha menos sobre el papel que puede tener la frustración como señal biológica para detener una conducta.
El equipo está encabezado también por Thomas A. Green, profesor del Departamento de Farmacología y Toxicología de la Universidad de Texas Medical Branch.
El trabajo no demuestra todavía que exista en el cerebro humano un circuito específico responsable de ese supuesto “freno de frustración”. Su objetivo es formalizar la idea para que pueda ser puesta a prueba mediante estudios experimentales.
La hipótesis parte de que la relación entre frustración y motivación no es lineal.
Cuando un objetivo parece alcanzable, una dificultad moderada puede aumentar el esfuerzo. Pero si los obstáculos se acumulan, la frustración normalmente comienza a reducir la insistencia hasta que la conducta se abandona.
Los autores sugieren que el consumo repetido de drogas podría modificar esa relación en determinadas personas. Bajo esa posibilidad, alguien podría sentir frustración, reconocer los obstáculos e incluso sufrir consecuencias negativas, pero seguir altamente motivado para conseguir y consumir la sustancia.
Ese mecanismo podría ayudar a explicar por qué ciertas conductas persisten incluso cuando conseguir drogas requiere mayor esfuerzo, dinero o exposición a conflictos personales, laborales, familiares o legales.
La idea encuentra algunos antecedentes en investigaciones previas. Un estudio publicado en 2019 también en Frontiers in Psychiatry observó una menor tolerancia a la frustración en pacientes con trastornos por consumo de sustancias y planteó que este factor podría resultar relevante en los tratamientos.
La nueva propuesta, sin embargo, avanza sobre otro aspecto: no analiza solamente cuánta frustración tolera una persona, sino si esa frustración conserva la capacidad de reducir la motivación para continuar una conducta.
Esa diferencia abre una posible línea de investigación terapéutica.
Si en futuros trabajos se comprueba que existe un mecanismo de este tipo, una pregunta será si puede restablecerse la conexión entre frustración y motivación para que el aumento de obstáculos vuelva a funcionar como señal de detención.
Los autores señalan distintas regiones cerebrales relacionadas con recompensa, motivación y respuesta a la frustración como posibles áreas para futuras investigaciones, pero por ahora no existe un tratamiento basado en esta hipótesis.
Tampoco se sabe todavía si el supuesto mecanismo aparece en todas las personas con trastornos por consumo de sustancias, únicamente en algunos casos o si varía según el tipo de droga y la duración del consumo.
El artículo debe interpretarse, por lo tanto, como el planteo de una nueva pregunta científica y no como la demostración de una causa de la adicción.
Los trastornos por consumo de sustancias continúan considerándose fenómenos complejos, en los que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. La nueva hipótesis suma la frustración a esa discusión y propone investigar qué ocurre cuando una señal que habitualmente ayuda a abandonar una conducta deja de cumplir eficazmente esa función.
Fuente: DOI: 10.3389/fpsyt.2026.1896594