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Una tesis de la UNPA puso el foco en las desigualdades digitales que dejó la pandemia

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Una tesis de la UNPA puso el foco en las desigualdades digitales que dejó la pandemia

Mariana del Valle Arroyo obtuvo el título de Magíster en Educación en Entornos Virtuales con una investigación sobre estudiantes de la UACO y su relación con las tecnologías.

Mariana del Valle Arroyo obtuvo el título de Magíster en Educación en Entornos Virtuales de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral luego de defender, el 21 de septiembre, una tesis centrada en las desigualdades que atravesaron los estudiantes de la Unidad Académica Caleta Olivia durante la virtualización de la enseñanza en la pandemia.

El trabajo, dirigido por la doctora Lucrecia Sotelo, lleva por eje las “Desigualdades en la Apropiación de las TIC durante el Plan de Continuidad Académica en la UACO-UNPA” y reconstruye lo ocurrido durante 2020 y 2021 desde una mirada situada en Caleta Olivia.

La investigación parte de una pregunta que durante la pandemia se volvió central para todo el sistema universitario: qué ocurre cuando una institución pasa abruptamente a la virtualidad, pero sus estudiantes no parten de las mismas condiciones materiales, tecnológicas ni culturales.

Arroyo analizó no solo el acceso a dispositivos y conectividad, sino también la manera en que cada estudiante logró utilizar las herramientas digitales para sostener su trayectoria académica.

Ese punto resulta importante porque una de las conclusiones de su trabajo cuestiona una idea muy extendida: que por ser jóvenes, los estudiantes dominan naturalmente las tecnologías.

La investigadora sostuvo que existe una diferencia importante entre utilizar redes sociales, aplicaciones cotidianas o teléfonos celulares y manejar entornos digitales académicos con objetivos específicos de aprendizaje.

En ese sentido, uno de los principales hallazgos fue que muchos estudiantes ingresaron a la universidad con conocimientos básicos o insuficientes para desenvolverse en plataformas institucionales como UNPA Bimodal.

Arroyo distinguió diferentes formas de apropiación tecnológica. En algunos casos, los estudiantes utilizaban las herramientas únicamente de la manera en que les eran presentadas. En otros lograron adaptarlas, transformarlas e incorporarlas a nuevas prácticas de estudio.

La investigación también identificó desigualdades que excedían lo estrictamente tecnológico.

Las distancias geográficas de Santa Cruz y las dificultades de conectividad ya constituían una brecha previa a la pandemia, pero durante el aislamiento aparecieron otras situaciones vinculadas con el espacio doméstico.

Estudiar desde la casa significó, para muchas personas, compartir dispositivos, tiempos y ambientes con otros integrantes de la familia.

La investigadora destacó especialmente lo ocurrido con estudiantes que además tenían responsabilidades de cuidado. En esos casos, el tiempo universitario debía convivir con tareas domésticas y familiares, generando condiciones muy diferentes para sostener una cursada.

El trabajo se concentró especialmente en estudiantes de primero, segundo y tercer año, es decir, en quienes atravesaban las primeras etapas de la vida universitaria.

El tribunal evaluador, integrado por Karina Vanesa Nahuin, María Tatiana Gorjup y Julián Pedro Laguens, destacó la coherencia conceptual del trabajo y el análisis de las condiciones materiales e institucionales que atravesaron a quienes iniciaron sus estudios en un contexto completamente virtualizado.

La investigación también recupera las decisiones adoptadas por la Universidad durante el Plan de Continuidad Académica y las experiencias de docentes, estudiantes y gestores que atravesaron aquel período.

Arroyo explicó que el trabajo se inscribe en un proyecto de investigación radicado en la Unidad Académica San Julián, dentro del grupo “Cultura, aprendizaje y comunicación”, dirigido por Lucrecia Sotelo.

El equipo realizó un trabajo de campo que se extendió hasta 2022 y abarcó entrevistas a estudiantes, docentes y gestores de las distintas unidades académicas de la UNPA.

En ese recorrido, Caleta Olivia apareció como un caso especialmente interesante porque presentaba desafíos particulares para la virtualización.

A diferencia de otros espacios, buena parte de sus estudiantes no contaba con experiencia previa en carreras a distancia y debió incorporar de manera acelerada herramientas y dinámicas propias de la educación mediada por tecnología.

La investigación adquiere además una nueva lectura en el escenario actual.

Si durante la pandemia la pregunta estaba centrada en cómo estudiantes y docentes se apropiaban de plataformas virtuales, hoy el debate incorpora otra tecnología disruptiva: la inteligencia artificial.

Arroyo señaló que esa discusión vuelve a poner sobre la mesa la alfabetización digital.

La pregunta ya no es únicamente si los estudiantes tienen acceso a un dispositivo, sino si cuentan con las herramientas necesarias para integrar tecnologías cada vez más complejas dentro de sus procesos de aprendizaje.

La propia UNPA viene profundizando durante 2026 distintas propuestas relacionadas con educación digital e inteligencia artificial. En la Unidad Académica Caleta Olivia, por ejemplo, se desarrollaron actividades de formación sobre Educación 4.0 y aplicaciones de inteligencia artificial generativa orientadas a educación, investigación y gestión. Ese contexto muestra que el problema analizado en la tesis no quedó encerrado en los años de pandemia, sino que evolucionó junto con las nuevas tecnologías.

Arroyo llegó a Santa Cruz desde Catamarca luego de obtener una beca doctoral del CONICET.

Es profesora en Ciencias de la Educación, egresada de la Universidad Nacional de Catamarca, se desempeña como docente en la Unidad Académica Caleta Olivia y como investigadora en la Unidad Académica San Julián.

Actualmente cursa el Doctorado en Gestión y Política de la Educación Superior en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, donde continúa trabajando sobre educación y tecnologías.

Su nueva línea de investigación abarca el período 2022-2025 y apunta a comprender cómo las universidades gestionaron la etapa posterior a la pandemia, especialmente en relación con la hibridación de la enseñanza y la incorporación de inteligencia artificial.

El trabajo deja así abierta una discusión que excede a la emergencia sanitaria.

La virtualización aceleró procesos que ya estaban en marcha, pero también mostró que el acceso a la tecnología no garantiza por sí solo igualdad educativa.

Tener conexión, disponer de un dispositivo y saber utilizarlo son condiciones diferentes.

Y en una universidad cada vez más atravesada por plataformas, inteligencia artificial y nuevas formas de enseñanza, esas diferencias vuelven a convertirse en parte central del debate sobre inclusión y permanencia estudiantil.

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