El cierre definitivo de la histórica planta de Dánica en Llavallol vuelve a poner en discusión el impacto que atraviesa la industria argentina bajo el programa económico de Javier Milei, caracterizado por la apertura comercial, la desregulación, el ajuste fiscal y una política que apuesta a que las empresas compitan con una menor protección frente a los productos importados.
Dorada S.A., propietaria de la marca Dánica, confirmó que la planta dejará de operar definitivamente el próximo 30 de septiembre. La decisión fue comunicada mediante un cartel colocado en el ingreso al establecimiento, donde actualmente quedan alrededor de 30 trabajadores.
Los empleados se encontraron con el anuncio al presentarse a trabajar durante el turno del sábado y desde entonces no pudieron volver a ingresar. Frente a la fábrica instalaron una carpa y organizaron una permanencia mientras esperan definiciones sobre su situación laboral.
La compañía explicó que la decisión llegó después de un “prolongado proceso” destinado a revertir las dificultades económicas, productivas y operativas que afectaban la viabilidad de la planta. Según fuentes empresarias, en los últimos meses el establecimiento funcionaba bajo un acuerdo con el sindicato y limitado únicamente a tareas de envasado.
El cierre no puede explicarse exclusivamente por las políticas implementadas por el actual Gobierno. Dánica arrastra una historia reciente de conflictos y dificultades que anteceden a Javier Milei.
La planta ya había cerrado temporalmente en abril de 2020, durante la pandemia, cuando la empresa responsabilizó a las condiciones salariales reclamadas por el gremio aceitero. La medida se revirtió pocos días después mediante un acuerdo con el gobierno bonaerense.
A fines de 2024, ya durante la actual gestión nacional, la compañía volvió a anunciar el fin de la actividad en Llavallol. Después de negociaciones con el sindicato, logró reabrir en febrero de 2025, aunque con una dotación menor y un esquema de producción más reducido.
Esta vez, la empresa asegura que el cierre será definitivo.
La decisión se produce, sin embargo, en un contexto nacional especialmente difícil para una parte de la industria manufacturera. Los últimos datos disponibles del INDEC mostraron que la producción industrial cayó 5% interanual en julio de 2026 y que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 58,2%.
El segundo trimestre del año también dejó señales de enfriamiento. Si bien el Producto Interno Bruto creció 2% frente al mismo período de 2025, la economía retrocedió 0,6% en comparación con el trimestre inmediatamente anterior.
El cierre de Dánica aparece así dentro de una discusión más amplia sobre el modelo productivo impulsado por Milei.
Desde que asumió, el Gobierno planteó que la economía argentina debía abandonar esquemas de protección y avanzar hacia una mayor apertura al comercio internacional. Esa orientación se profundizó durante 2026 con acuerdos comerciales, flexibilización de distintas regulaciones y medidas destinadas a facilitar importaciones y aumentar la competencia externa.
La Casa Rosada sostiene que ese camino obliga a las empresas locales a mejorar su productividad, reduce costos, amplía la oferta para los consumidores y permite integrar al país a los mercados internacionales.
Al mismo tiempo, el Gobierno eliminó o redujo derechos de exportación para numerosos productos industriales y amplió incentivos destinados a grandes inversiones. El argumento oficial es que una menor presión tributaria y mayores facilidades para invertir terminarán generando nuevas exportaciones, cadenas productivas y puestos de trabajo.
Pero mientras esa transformación se desarrolla, una parte del entramado industrial tradicional enfrenta dificultades para sostenerse.
El problema no pasa solamente por las importaciones. Los propios relevamientos empresariales publicados recientemente por el INDEC muestran que más de la mitad de los industriales señala a la debilidad de la demanda interna como el principal obstáculo para incrementar la producción, muy por encima de quienes mencionan directamente la competencia de productos importados.
Ese dato resulta central para entender el escenario. Una fábrica puede enfrentar mayores competidores externos, pero también necesita consumidores capaces de absorber lo que produce.
La discusión sobre la industria bajo el gobierno de Milei se mueve entre esas dos variables: una economía más abierta y competitiva, como impulsa el Ejecutivo, y un mercado interno que todavía muestra señales de debilidad para numerosos sectores.
En el caso puntual de Dánica, existen además problemas propios de la compañía que impiden convertir el cierre en una consecuencia automática de una única política nacional. La planta llegó a esta etapa después de años de conflictos, cambios de propietarios, reducción del personal y dos intentos anteriores de cierre.
Aun así, su desaparición como establecimiento industrial ocurre mientras otras empresas también reducen estructuras, suspenden actividades o abandonan plantas. Los datos oficiales confirman que la industria manufacturera atraviesa meses de menor producción y que una parte importante de su capacidad permanece sin utilizar.
Dánica tiene además un fuerte peso simbólico. La planta de Llavallol nació a fines de la década de 1930 y forma parte de la historia industrial del sur del conurbano bonaerense. Desde allí comenzó décadas después la fabricación de las margarinas Dánica, una marca que terminó convirtiéndose en una de las más reconocidas del mercado argentino.
La empresa atravesó distintos propietarios hasta quedar, a fines de 2018, bajo control del Grupo Beltrán. El grupo mantiene otras operaciones, entre ellas la planta de aderezos ubicada en el Parque Industrial Ferreyra, en Córdoba.
Mientras tanto, el Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera de Capital Federal y Gran Buenos Aires denunció el cierre ante el Ministerio de Trabajo bonaerense y pidió una audiencia con la compañía.
El secretario general del gremio, Ezequiel Roldán, sostuvo que continuarán defendiendo los puestos de trabajo, los salarios y el convenio colectivo. De acuerdo con los trabajadores, al momento del anuncio todavía no habían recibido telegramas de despido y el cartel colocado en la entrada era la única comunicación formal conocida.
La empresa aseguró que mantendrá los salarios hasta el 30 de septiembre y que avanzará con las indemnizaciones correspondientes.
La audiencia que busca concretar el sindicato será la próxima instancia para conocer si existe alguna alternativa al cierre o si, después de casi nueve décadas de presencia industrial en Llavallol, la planta de Dánica bajará definitivamente sus persianas.
El episodio deja además una discusión que excede a la compañía. El Gobierno apuesta a que la apertura, la reducción de regulaciones y la competencia permitan construir una economía más eficiente. La contracara inmediata aparece en aquellas fábricas que llegan debilitadas a esa transición, especialmente cuando la demanda interna tampoco alcanza para sostener sus niveles de producción.
En ese escenario, Dánica no constituye por sí sola una prueba sobre el resultado del programa económico de Milei, pero sí se transforma en otro caso concreto dentro de una industria que continúa mostrando dificultades para recuperar actividad, capacidad productiva y empleo.