Claudio Vidal llegó al Gobierno de Santa Cruz con una promesa clara: ordenar la provincia, recuperar el trabajo y devolverle prosperidad a una sociedad golpeada por años de crisis. Casi tres años después, los indicadores económicos muestran un escenario muy distinto.
Los datos del Banco Central de la República Argentina ubican a Santa Cruz entre las provincias con mayor morosidad familiar del país. No se trata de una percepción política ni de una consigna opositora. Es una radiografía elaborada sobre información oficial que refleja las dificultades de miles de hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
El 19,8% de las familias presenta algún nivel de morosidad y, entre quienes tienen créditos, el 31,2% registra deudas en situación irregular, el porcentaje más alto de la Patagonia. Detrás de esos números hay familias que dejaron de usar el crédito para mejorar su calidad de vida y comenzaron a utilizarlo para sostener el consumo cotidiano.
Cuando una familia pide dinero prestado para comprar alimentos, pagar servicios o afrontar gastos básicos, el problema ya no es financiero: es económico y social. El crédito deja de impulsar el crecimiento y pasa a convertirse en una herramienta para sobrevivir.
El deterioro tampoco puede analizarse aislado del mercado laboral. Santa Cruz perdió miles de empleos registrados en los últimos años, especialmente en actividades como la construcción, mientras distintos sectores productivos continúan atravesando dificultades. Sin recuperación del empleo y del poder adquisitivo, el endeudamiento se vuelve casi inevitable.
El propio Gobierno provincial terminó reconociendo esa realidad al lanzar un programa de refinanciación para trabajadores estatales y jubilados. Si miles de empleados públicos necesitan reestructurar sus deudas para llegar a fin de mes, queda claro que la crisis no afecta solamente al sector privado.
Sería injusto atribuir toda la situación exclusivamente al Gobierno provincial. La recesión inducida por el Gobierno de Javier Milei, la inflación acumulada, el ajuste impulsado por la administración libertaria y la paralización de la obra pública también explican buena parte del escenario actual.
Pero tampoco sería serio eximir de responsabilidades a una gestión que hizo del crecimiento económico y la recuperación del empleo uno de sus principales compromisos de campaña. Gobernar implica administrar las crisis, pero también responder por los resultados.
Mientras Vidal acompaña cada vez con mayor claridad las políticas del Gobierno nacional, los indicadores sociales y económicos de Santa Cruz continúan deteriorándose. La promesa de prosperidad todavía no encuentra respaldo en la realidad cotidiana de miles de santacruceños.
Las cifras del Banco Central muestran que las billeteras virtuales concentran los mayores niveles de mora. Ese dato también habla de un cambio profundo: cada vez más personas recurren a créditos rápidos para cubrir gastos inmediatos, aun cuando las tasas de interés sean elevadas. Es el síntoma de una economía doméstica sin margen.
La discusión política suele concentrarse en discursos, actos y acusaciones cruzadas. Sin embargo, los números terminan siendo mucho más elocuentes. Una provincia donde crecen las deudas, cae el empleo y aumenta la dificultad para llegar a fin de mes difícilmente pueda presentarse como un ejemplo de recuperación.
La prosperidad no se mide por los anuncios ni por las promesas. Se mide por la capacidad de una familia para vivir de su trabajo sin endeudarse para pagar la comida, la luz o el alquiler.
Hoy, los datos muestran que esa realidad todavía está muy lejos de alcanzarse en Santa Cruz.