La inflación volvió a acelerarse en septiembre y los datos sobre consumo muestran que la desaceleración de precios de los meses anteriores no alcanzó para recomponer el poder de compra de las familias.
El relevamiento mensual del Centro de Almaceneros de Córdoba registró una suba del 2,1%, por encima del 1,8% de agosto. Con ese resultado, la inflación acumulada durante 2026 llegó al 24% y la variación interanual alcanzó el 32,8%.
Pero detrás del dato de precios aparece una realidad más preocupante para los hogares.
Una familia tipo necesitó en septiembre $2.076.505 para cubrir la Canasta Básica Total y mantenerse por encima de la línea de pobreza. Para afrontar solamente la Canasta Básica Alimentaria fueron necesarios $1.130.236.
El problema es que una parte importante de las familias relevadas no alcanzó esos niveles de consumo.
El 57,6% manifestó algún grado de dificultad o restricción para acceder a los alimentos necesarios. Apenas el 42,4% dijo poder cubrir plenamente esas necesidades.
Entre los hogares con niños, niñas o adolescentes, el 28,6% informó que durante septiembre algún menor tuvo que reducir la cantidad de comida por falta de dinero.
El relevamiento también detectó que el 39,1% de los hogares tuvo al menos un adulto que redujo voluntariamente su propio consumo para que los alimentos alcanzaran para otros integrantes de la familia.
Esos indicadores muestran que el problema ya no pasa únicamente por cuánto aumentan los precios.
La discusión empieza a desplazarse hacia cuánto pueden comprar efectivamente las familias con sus ingresos.
Ese deterioro también se observa en los comercios.
Las ventas en volumen de alimentos y bebidas cayeron 8,3% interanual durante septiembre, según el Centro de Almaceneros.
El dato coincide con otros relevamientos realizados en Córdoba.
La Cámara de Comercio provincial informó que las ventas minoristas en unidades retrocedieron 23% frente al mismo mes de 2025. En comparación con agosto, la caída fue del 9%.
La rentabilidad también mostró un deterioro: bajó 20% interanual y 14% en la comparación mensual.
El ticket promedio de los comercios relevados por la Cámara se ubicó en $144.300 durante septiembre, por debajo de los $173.200 registrados un mes antes.
Son estudios diferentes y abarcan universos distintos, pero ambos muestran una misma señal: los consumidores están reduciendo compras.
Otro dato refleja con mayor claridad la tensión sobre los ingresos.
El 88,8% de los hogares consultados por el Centro de Almaceneros utilizó alguna forma de financiamiento para comprar alimentos.
El fiado fue la alternativa más utilizada, con el 38,4%.
Le siguieron las tarjetas de crédito, con el 36,5%, y los préstamos, con el 13,9%.
Además, el 28,5% de los hogares manifestó haber pedido dinero durante septiembre para afrontar gastos básicos.
El cuadro resulta especialmente significativo porque el endeudamiento ya no aparece solamente asociado a compras grandes, electrodomésticos o gastos extraordinarios.
Una parte de los hogares necesita financiar directamente la alimentación cotidiana.
El fenómeno tampoco comenzó en septiembre.
En agosto, cuando la inflación mensual había desacelerado al 1,8%, el mismo relevamiento ya mostraba que el 57,4% de los hogares tenía dificultades para cubrir la Canasta Básica Alimentaria y que el 88,7% utilizaba algún mecanismo de financiamiento para comprar comida.
Es decir, la desaceleración de precios no estaba generando todavía una recuperación suficiente de la capacidad de consumo.
Septiembre profundizó esa señal.
El dato de inflación puede mostrar una mejora importante frente a los registros de años anteriores, pero no alcanza por sí solo para medir la situación económica de una familia.
Si los ingresos crecen menos que el costo acumulado de vida, o si vienen de una pérdida previa considerable, una inflación más baja puede convivir con menos consumo, más deuda y mayor dificultad para cubrir necesidades básicas.
Esa diferencia aparece con fuerza en los resultados del Centro de Almaceneros.
Los precios aumentaron menos que en otros períodos, pero casi seis de cada diez hogares relevados continuaron teniendo problemas para acceder a los alimentos.
Al mismo tiempo, las ventas bajaron y el financiamiento siguió ocupando un lugar central en la mesa familiar.
El informe no reemplaza a las estadísticas oficiales del INDEC y utiliza una metodología propia, con alcance principalmente provincial.
Sin embargo, funciona como un indicador complementario para observar de cerca lo que ocurre en comercios de proximidad y hogares cordobeses.
El escenario que deja septiembre es entonces más complejo que una simple cifra de inflación.
Los precios volvieron a acelerar, el consumo continuó retrocediendo y la deuda siguió funcionando como una herramienta cotidiana para sostener gastos elementales.
Para muchas familias, el problema dejó de ser solamente cuánto suben los alimentos.
La pregunta es cuánto pueden seguir comprando.