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Un estudio encuentra sorprendentes similitudes al envejecer entre perros y humanos

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Un estudio encuentra sorprendentes similitudes al envejecer entre perros y humanos

Investigadores identificaron biomarcadores sanguíneos relacionados con una muerte más temprana o tardía que siguen patrones semejantes en ambas especies.

Perros y humanos podrían tener más en común a la hora de envejecer de lo que se pensaba. Una investigación del Dog Aging Project identificó patrones metabólicos en la sangre de los animales relacionados con la mortalidad que presentan importantes similitudes con los observados previamente en personas.

El trabajo, publicado en The Journals of Gerontology, refuerza una idea que los investigadores vienen explorando desde hace tiempo: los perros de compañía pueden convertirse en un modelo especialmente útil para estudiar los mecanismos biológicos del envejecimiento humano.

El estudio analizó datos de 937 perros pertenecientes a una cohorte del Dog Aging Project. Los científicos estudiaron metabolitos presentes en la sangre y buscaron establecer cuáles aparecían asociados con una muerte más temprana o más tardía.

Los metabolitos son pequeñas moléculas producidas durante los procesos normales del organismo. Analizar sus concentraciones permite obtener información sobre lo que sucede dentro del cuerpo y detectar patrones relacionados con diferentes estados de salud.

El resultado llamó la atención por la semejanza entre especies.

“Las moléculas que son riesgosas para los perros o protectoras contra una muerte más temprana son muy similares a las de las personas”, explicó Kate Creevy, directora veterinaria del Dog Aging Project y profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de Texas A&M.

Para encontrar esas señales, los investigadores no se concentraron exclusivamente en una molécula. Analizaron grandes grupos de metabolitos para identificar patrones capaces de funcionar como una suerte de “huella digital” biológica.

Esos patrones pueden convertirse en biomarcadores: señales medibles que permiten establecer asociaciones con determinados resultados futuros de salud.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre asociación y causalidad.

Que un determinado metabolito aparezca relacionado con una mortalidad más temprana no significa necesariamente que sea responsable de provocarla. Los investigadores remarcan que el siguiente desafío será comprender por qué aparecen esos biomarcadores y qué procesos biológicos explican su relación con la longevidad.

“Si entendemos por qué sucedió algo, tenemos una mayor oportunidad de identificar formas de cambiarlo”, señaló Creevy.

Para determinar hasta qué punto las señales encontradas en perros podían compararse con las humanas, el equipo contrastó los resultados con cinco grandes estudios previos sobre mortalidad en personas que habían utilizado métodos basados en metabolitos.

La comparación encontró una importante correspondencia entre los patrones asociados con la mortalidad en ambas especies.

El trabajo científico concluye que la mortalidad por todas las causas en perros de compañía está relacionada con un perfil de metabolitos muy similar al encontrado en humanos.

La coincidencia abre una posibilidad especialmente interesante para la investigación sobre envejecimiento. Los conocimientos obtenidos mediante estudios en personas podrían orientar investigaciones veterinarias y, al mismo tiempo, el seguimiento de perros podría ayudar a estudiar procesos que también resulten relevantes para los seres humanos.

Hay varias razones que convierten a los perros en candidatos particularmente útiles.

Una de ellas es que comparten con sus dueños buena parte del ambiente cotidiano. Alimentación, actividad, espacios urbanos y estilos de vida pueden presentar importantes puntos de contacto, algo que permite estudiar la interacción entre factores biológicos y ambientales.

Además, los perros presentan una gran diversidad genética y desarrollan enfermedades relacionadas con la edad que también aparecen en las personas.

Pero existe otra ventaja decisiva: envejecen mucho más rápido.

Mientras la vida humana se extiende durante varias décadas, los perros viven generalmente entre 12 y 13 años. Esa diferencia permite observar procesos completos de envejecimiento y mortalidad en períodos considerablemente menores que los necesarios para realizar estudios longitudinales equivalentes en seres humanos.

El Dog Aging Project resulta fundamental para ese seguimiento. La iniciativa estudia perros de compañía de Estados Unidos cuyos propietarios aportan información detallada sobre sus vidas y, en algunos casos, muestras biológicas periódicas.

De esa manera, los investigadores pueden acompañar el proceso de envejecimiento a medida que ocurre y relacionar cambios moleculares con alimentación, ambiente, enfermedades, comportamiento y longevidad.

Los resultados actuales no representan una fórmula para predecir exactamente cuánto vivirá un perro ni permiten trasladar automáticamente un hallazgo canino a las personas.

Son, según los propios investigadores, un punto de partida para comprender mejor qué procesos están detrás de las señales metabólicas compartidas.

Para los propietarios de mascotas, Creevy plantea una conclusión mucho más sencilla y cotidiana: mantener una alimentación saludable, controlar el peso y preservar tanto la movilidad como la salud cognitiva son hábitos importantes durante el envejecimiento de los perros.

La importancia científica del estudio, en cambio, apunta más lejos. Si perros y humanos comparten señales metabólicas asociadas con la mortalidad, estudiar cómo y por qué aparecen podría ayudar a identificar mecanismos biológicos comunes y, eventualmente, nuevas estrategias destinadas a extender los años de vida saludable en ambas especies.

Fuente: DOI: 10.1093/gerona/glaf279

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