El café forma parte de la rutina cotidiana de millones de personas, pero sus efectos sobre el organismo siguen ofreciendo nuevas preguntas. Una investigación realizada en Finlandia encontró que su consumo habitual está asociado con diferencias en la grasa corporal, la masa muscular, el metabolismo y determinadas hormonas sexuales.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Oulu y publicado en julio de 2026 en European Journal of Nutrition. Los científicos analizaron datos de 2.264 participantes de 46 años pertenecientes a la histórica cohorte Northern Finland Birth Cohort 1966.
Los resultados llamaron especialmente la atención por la composición corporal. Las personas que consumían mayores cantidades de café mostraron menos grasa corporal total, menor grasa visceral y una masa muscular esquelética superior. Sin embargo, el índice de masa corporal era similar entre los distintos grupos.
Esto significa que dos personas podían presentar un IMC parecido y, al mismo tiempo, tener diferencias en la proporción de grasa y músculo asociadas estadísticamente con su nivel habitual de consumo de café.
El estudio dividió a los participantes entre quienes no tomaban café, quienes consumían entre una y dos tazas diarias, quienes bebían entre tres y cuatro y aquellos que llegaban a cinco o más. De los 2.264 participantes incluidos en el análisis, 2.194 eran consumidores de café y apenas 70 no lo bebían.
La investigación también encontró una relación inversa entre el consumo de café y los niveles circulantes de aminoácidos de cadena ramificada tanto en hombres como en mujeres. Concentraciones persistentemente elevadas de estos compuestos fueron vinculadas en investigaciones anteriores con resistencia a la insulina y mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Entre los hombres apareció otro resultado relevante. Quienes consumían más café presentaban asociaciones con un perfil de glucosa e insulina más favorable.
Pero uno de los aspectos más novedosos surgió al estudiar las hormonas sexuales.
En los hombres, cada taza diaria adicional estuvo asociada estadísticamente con mayores niveles de testosterona total, testosterona biodisponible y globulina transportadora de hormonas sexuales, conocida como SHBG. Al mismo tiempo, se observaron asociaciones inversas con la testosterona libre y el índice de andrógenos libres.
Entre las mujeres, el patrón fue más limitado. El mayor consumo apareció relacionado con niveles superiores de SHBG y menores valores de testosterona libre e índice de andrógenos libres, pero no se encontró una asociación significativa con la testosterona total o biodisponible.
Los investigadores ajustaron sus análisis teniendo en cuenta factores que podían alterar los resultados, entre ellos el índice de masa corporal, nivel educativo, tabaquismo, actividad física y consumo de alcohol. Varias de las asociaciones hormonales persistieron después de esas correcciones.
Sin embargo, el hallazgo no significa que tomar más café necesariamente reduzca la grasa, aumente los músculos o modifique las hormonas.
Esa distinción resulta fundamental. El trabajo fue transversal y observacional: fotografió características y hábitos de los participantes en un determinado momento y encontró asociaciones estadísticas entre ellos, pero no puede demostrar que el café sea la causa de esas diferencias.
También existen particularidades que obligan a interpretar los resultados con prudencia. Todos los participantes tenían 46 años y pertenecían a una cohorte del norte de Finlandia, un país caracterizado por un consumo de café particularmente elevado. Además, la composición corporal fue estimada mediante bioimpedancia, una técnica indirecta, y el cuestionario utilizado no establecía el tamaño exacto de cada taza.
Incluso entre quienes más café consumían había diferencias de estilo de vida: por ejemplo, el tabaquismo era más frecuente en el grupo de alto consumo.
Por eso, convertir el estudio en una recomendación del tipo “tomar cinco cafés por día ayuda a adelgazar” sería ir mucho más lejos de lo que permiten los resultados.
Lo que sí aporta la investigación es una nueva pista sobre una pregunta que lleva años bajo estudio: por qué el consumo habitual de café aparece asociado en diferentes investigaciones epidemiológicas con determinados indicadores favorables de salud metabólica.
El próximo paso será intentar separar asociación de causalidad. Los investigadores buscan determinar si alguno de los numerosos compuestos bioactivos presentes en el café puede producir directamente estas modificaciones metabólicas y hormonales.
Hasta que esos mecanismos sean comprobados mediante estudios longitudinales y ensayos de intervención, el café seguirá ofreciendo una correlación científicamente interesante, pero no una receta para perder grasa, ganar músculo o modificar los niveles hormonales.
Fuente: DOI: 10.1007/s00394-026-04038-z