Casi la mitad de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. La estimación equivale a más de 4,1 millones de personas y surge de un informe elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires.
El estudio “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro” expone una realidad atravesada por el trabajo informal, los ingresos insuficientes, las dificultades educativas y el deterioro de la salud mental.
La investigación se basó en una encuesta presencial realizada a 1.002 jóvenes de los principales aglomerados urbanos entre diciembre de 2025 y enero de 2026. Para determinar la vulnerabilidad se tuvieron en cuenta tanto los ingresos como las condiciones habitacionales de los hogares.
Uno de los datos más preocupantes es que dos de cada diez jóvenes vulnerables no estudian ni trabajan. Dentro de ese grupo, un 33% tampoco busca empleo, una situación definida por los autores como “inactividad absoluta” y asociada a la pérdida de expectativas de progreso.
La inserción laboral tampoco garantiza estabilidad. Apenas el 15% de quienes trabajan tiene un empleo registrado, mientras que el 76,1% se desempeña sin registración o mediante actividades precarias como changas, ventas ambulantes y trabajos por cuenta propia.
Además, para el 56,9% los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes. La situación es más grave entre las mujeres, con un 62,3% de respuestas negativas, frente al 53% registrado entre los varones.
En los sectores con mayor vulnerabilidad, solo el 0,5% cuenta con empleo formal y siete de cada diez jóvenes aseguran que sus ingresos son insuficientes. El comercio, la construcción y las tareas de limpieza y cuidado aparecen entre las principales actividades laborales.
La educación mantiene, sin embargo, un fuerte valor social. El 85,7% considera que estudiar puede mejorar su calidad de vida, aunque el 75,2% tuvo que interrumpir su formación en algún momento. La falta de dinero y de oportunidades aparece como el principal obstáculo.
El informe también refleja un extendido malestar emocional. Siete de cada diez jóvenes manifestaron sentir ansiedad o nerviosismo, mientras que más de la mitad reconoció atravesar episodios de tristeza, desgano o depresión.
Los investigadores concluyen que la vulnerabilidad juvenil dejó de ser una situación excepcional. La combinación de precariedad laboral, abandono educativo, bajos ingresos y problemas de salud mental muestra una crisis estructural que requiere políticas coordinadas y sostenidas.