El Consejo Interuniversitario Nacional expresó su “profunda preocupación” por el debilitamiento de organismos estratégicos del sistema científico y tecnológico argentino y advirtió que las decisiones del Poder Ejecutivo Nacional ponen en riesgo la soberanía científica, tecnológica y productiva del país.
A través de un pronunciamiento firmado por su Comité Ejecutivo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 6 de julio de 2026, el CIN apuntó en particular a la situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Para las universidades nacionales, esas instituciones no pueden ser leídas como estructuras aisladas ni como simples partidas presupuestarias: forman parte de un entramado público de conocimiento, formación, investigación, innovación y transferencia tecnológica construido durante décadas.
El documento plantea que el deterioro de esos organismos compromete capacidades acumuladas con inversión pública sostenida, afecta el desarrollo científico y tecnológico, limita la innovación y reduce las posibilidades de construir un modelo de desarrollo con mayor autonomía, inclusión y competitividad. La advertencia tiene un tono institucional, pero también político: para el CIN, preservar ese sistema es una decisión de Estado vinculada directamente con el futuro productivo del país.
Uno de los puntos más sensibles del pronunciamiento es la situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica. El organismo universitario remarcó que la CNEA es una de las instituciones científicas y tecnológicas más relevantes de la Argentina y un actor central para el desarrollo nacional. En más de siete décadas, sostuvo, consolidó capacidades únicas en investigación, desarrollo e innovación nuclear, formó generaciones de científicos, ingenieros y técnicos, y ubicó al país dentro del reducido grupo de naciones que dominan tecnologías nucleares complejas.
El CIN vinculó el desarrollo nuclear argentino con la soberanía científica, tecnológica y energética. En ese campo, señaló aportes en generación de energía, medicina nuclear, producción de radioisótopos, aplicaciones industriales, investigación científica y tecnologías estratégicas con impacto en distintos sectores productivos y sociales. También destacó la relación histórica entre la CNEA y las universidades públicas nacionales, tanto en la formación de estudiantes como en proyectos conjuntos, uso compartido de infraestructura científica y producción de conocimiento de frontera.
La preocupación central pasa por la pérdida de investigadores, profesionales y técnicos especializados, junto con el desfinanciamiento o la paralización de proyectos como la Central Argentina de Elementos Modulares y el reactor multipropósito RA-10. Según el Consejo, si esas capacidades se desarticulan, recuperarlas sería extremadamente difícil, porque no se trata solo de instalaciones o equipamiento, sino de equipos humanos altamente formados y de trayectorias institucionales de largo plazo.
El pronunciamiento también dedica un tramo específico al CONICET. Allí, el CIN puso el foco en las dificultades para sostener trayectorias científicas y garantizar la incorporación de nuevas generaciones de investigadoras e investigadores. La incertidumbre que atraviesan cientos de becarias y becarios doctorales y posdoctorales, sumada a las demoras y restricciones en el ingreso a la Carrera del Investigador Científico, genera cortes que no afectan únicamente a las personas involucradas, sino también a grupos de investigación, institutos de doble dependencia y universidades nacionales.
Para el sistema universitario, la formación de recursos humanos de excelencia representa una inversión estratégica del Estado. La interrupción de esas trayectorias implica una pérdida de capacidades científicas difícil de revertir y profundiza procesos de desarticulación institucional que comprometen el futuro del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación.
El INTI aparece en el documento como una pieza fundamental del entramado productivo. El CIN recordó que, desde hace más de seis décadas, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial cumple un rol estratégico en investigación aplicada, innovación tecnológica, metrología, certificación de calidad, transferencia de tecnología y acompañamiento a sectores industriales, especialmente pequeñas y medianas empresas.
Ese trabajo, señaló el Consejo, funciona como un puente entre el conocimiento científico, las universidades y el sistema productivo. Por eso, el debilitamiento de sus capacidades técnicas y profesionales no queda encerrado dentro del organismo: repercute sobre la competitividad de la industria argentina, limita la incorporación de innovación y reduce las posibilidades de avanzar hacia un modelo de desarrollo basado en conocimiento y valor agregado.
La misma línea argumental aparece en relación con el INTA. El Comité Ejecutivo lo definió como una institución estratégica para el desarrollo agropecuario, la seguridad alimentaria, la innovación tecnológica y el desarrollo territorial. Su papel histórico en investigación, extensión rural y transferencia tecnológica fue presentado como una herramienta central para mejorar productividad, sostenibilidad ambiental, economías regionales e innovación en la cadena agroalimentaria.
El CIN remarcó, además, que la articulación entre el INTA, las universidades nacionales y el sistema científico argentino resulta esencial para formar profesionales, desarrollar investigación aplicada y generar tecnologías adaptadas a las necesidades del país. Desde esa perspectiva, debilitar al organismo implica afectar capacidades indispensables para enfrentar desafíos productivos, ambientales y sociales.
El planteo general del Consejo Interuniversitario Nacional va más allá de la defensa sectorial. El documento ubica a la CNEA, el CONICET, el INTI, el INTA y las universidades nacionales como partes de un sistema público que permitió construir capacidades reconocidas internacionalmente, formar recursos humanos altamente calificados, impulsar innovación y contribuir al desarrollo económico, social y productivo.
En un escenario internacional marcado por la competencia por el conocimiento y las tecnologías estratégicas, el CIN sostuvo que la soberanía científica y tecnológica es una condición necesaria para fortalecer la autonomía nacional, promover el desarrollo productivo, garantizar seguridad energética y alimentaria, enfrentar desafíos sanitarios y ambientales, y ampliar las capacidades del Estado para definir su propio futuro.
Por eso, el organismo pidió al Poder Ejecutivo Nacional garantizar el funcionamiento y fortalecimiento de las instituciones científicas y tecnológicas, suspender medidas que impliquen pérdida de capacidades profesionales, asegurar financiamiento para proyectos estratégicos e infraestructura, y adoptar decisiones que permitan sostener trayectorias de formación e investigación. También reclamó diálogo con las universidades nacionales, la comunidad científica, las instituciones involucradas y las y los trabajadores.
El cierre del documento condensa la posición política del sistema universitario: la universidad pública argentina no puede permanecer indiferente frente al debilitamiento de instituciones que considera pilares del desarrollo nacional. Para el CIN, defender la CNEA, el CONICET, el INTI y el INTA equivale a defender un modelo de país basado en conocimiento, innovación, producción y formación de recursos humanos de excelencia. En definitiva, una disputa por las capacidades que la Argentina necesita para construir un futuro con mayor autonomía, desarrollo y bienestar social.