Eran las 5:45 del sábado 1 de junio cuando el estruendo rompió el silencio en la calle Paseo de los Arrieros al 1800. Un Fiat Spazio blanco se había despistado brutalmente y terminó volcado sobre el asfalto. El conductor, un joven de 25 años, milagrosamente salió caminando.
Lo primero que notaron los efectivos policiales al llegar fue el fuerte olor a alcohol que emanaba el muchacho, que se encontraba de pie, aparentemente ileso, junto al rodado destrozado. El operativo fue inmediato: se convocó al personal del Hospital Regional y a los agentes de Tránsito Municipal, mientras los vecinos miraban atónitos la escena.
El test de alcoholemia no dejó margen para las dudas: el joven manejaba con un nivel de alcohol por encima del límite legal. A pesar del estado del vehículo y la gravedad del siniestro, los exámenes médicos practicados en el nosocomio local confirmaron que no presentaba lesiones. Fue dado de alta tras quedar en observación y entregado a sus familiares.
Según se supo, el vehículo no habría sido robado ni presentaba pedido de secuestro. El siniestro se produjo por una combinación letal: exceso de velocidad, consumo de alcohol y falta de pericia al volante. No es la primera vez que se registran hechos similares en la zona, donde varios vecinos reclaman desde hace tiempo mayores controles nocturnos.
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