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Dom, Ene

Interés General

Las llamas avanzan hacia una subestación clave del sistema eléctrico mientras brigadistas y vecinos resisten al límite. Más de 3.000 hectáreas arrasadas, barrios evacuados y una región al borde del apagón total.

“Absolutamente descontrolado”. No es una metáfora ni una exageración: es la definición más precisa de la jornada que se vive este viernes en la Comarca Andina, donde el incendio forestal que comenzó hace cinco días ya arrasó unas 3.000 hectáreas de bosque nativo y pino invasor, destruyó viviendas, obligó a evacuaciones masivas y ahora amenaza con provocar un colapso energético regional.

El fuego avanza sin tregua sobre El Hoyo y Epuyén, en el noroeste de Chubut, y suma un peligro inédito: las llamas se dirigen hacia una subestación eléctrica del Sistema Interconectado Nacional. Si el frente ígneo la alcanza —y todo indica que va en esa dirección—, quedarán sin suministro eléctrico localidades enteras desde Esquel hasta el sur de Bariloche.

Las condiciones son las peores posibles: altas temperaturas, viento intenso y cambiante, sequía prolongada, inviernos sin nieve, acumulación de material combustible y pinares abandonados que funcionan como aceleradores naturales del fuego. A eso se suma la ausencia de políticas de prevención sostenidas, una combinación que configura una verdadera tormenta perfecta.

El incendio se inició el lunes 5 en el acceso a Puerto Patriada, sobre la costa noreste del Lago Epuyén, y rápidamente se dividió en cuatro frentes activos. El más agresivo corre por los faldeos norte y sur del Cerro Pirque, avanzando a una velocidad inédita.

Entre la Ruta 40 Sur y la base del cerro, una franja de chacras atravesada por el Río Epuyén se convirtió en una trampa: familias ven pasar las llamas por encima de sus casas, con la certeza de que en cualquier momento pueden bajar. Allí se concentran hortalizas, fruta fina, ganado menor y mayor, y escuelas rurales.

“En cualquier momento baja sobre nosotros, ya está en la escuela y se nos viene para acá”, advierte Matías Vergé, productor de frambuesas y docente, mientras observa el frente ígneo acercarse a la escuela 81 y a una veintena de viviendas del paraje El Pedregoso.

A pocos metros, brigadistas provinciales, nacionales y decenas de voluntarios combaten el fuego cuerpo a cuerpo para impedir que cruce el río. Lo hacen con palas, mochilas de agua, mangueras improvisadas y una mezcla de cansancio extremo y compromiso absoluto.

En la misma zona, Gustavo Flak, pequeño productor y operador turístico, resume la lógica de resistencia:
“¿Qué otra cosa vamos a hacer? Regar, regar y regar. Y rogar que no llegue”.

El riesgo mayor: energía y derrumbes

El frente que avanzó por la cara sur del Pirque ya arrasó completamente una zona de pinos invasores en Los Coihues. Detrás de ese desierto verde se encuentra la subestación eléctrica clave para toda la cordillera. Si el fuego la alcanza, el impacto será inmediato y masivo.

A esto se suma otro peligro: la zona es altamente rocosa, y los especialistas advierten sobre posibles desprendimientos que pueden agravar aún más la situación de vecinos y brigadistas.

En Epuyén, barrios enteros como La Angostura y Los Coihues fueron evacuados preventivamente. Varias viviendas ya quedaron reducidas a cenizas. El fuego ingresó a la localidad y los vientos impredecibles mantienen a toda la población en estado de alerta permanente.

En Rincón de Lobo, otro de los parajes de El Hoyo, la batalla se libra desde el primer día sin descanso. Artesanos, artistas y profesionales resisten junto a brigadistas para evitar que el fuego arrase por completo la zona.

El último frente, que avanza hacia El Desemboque y amenaza con trepar el cerro Currumahuida, abre un escenario aún más crítico: la posibilidad de que el incendio descienda sobre Lago Puelo, una de las áreas con mayor densidad de viviendas en interfase bosque–ciudad.

Brigadistas, voluntarios y un Estado ausente

Unos 150 brigadistas nacionales y provinciales trabajan en el terreno, acompañados por centenares de voluntarios que sostienen la logística y el combate directo. En el aire operan dos helicópteros y cinco aviones hidrantes, tres de ellos anfibios que cargan agua en el propio lago.

El Gobierno de Chubut aportó además un Boeing 737 hidrante, poco útil en la geografía montañosa: necesita volar hasta Esquel para cargar 15 mil litros y volver para una sola descarga, mientras los aviones livianos realizan múltiples ataques precisos en el mismo lapso.

Ese avión sí resultó funcional para la agenda del gobernador Ignacio Torres, que multiplicó videos y publicaciones en redes sociales mostrando preocupación, mientras la prevención brilló por su ausencia y el fuego sigue avanzando.

La Comarca Andina vive horas decisivas. Entre el humo, el cansancio y la incertidumbre, una pregunta recorre chacras y barrios evacuados: ¿cuánto más puede resistir una región abandonada a su suerte?

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